Ucrania – España – Ucrania, camino del visado.

Llevaba un tiempo buscando la ocasión para poder escribir en el blog todo lo sucedido durante las últimas semanas ya que como muchos sabéis he estado de visita por España. Hoy, ya instalada nuevamente en mi dirección ucraniana, es el mejor momento para proceder a ello.

Anteriormente me había desplazado desde Kharkiv, la ciudad donde vivo al este de Ucrania, a Kiev para coger el tren dirección a Slavsko, donde tuvo lugar el último curso formación al que asistí para iniciarme dentro del servicio de voluntariado europeo, podéis leer el post anterior si alguien quiere más detalles al respecto.

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Desde Slavsko viajé a Lviv en un antiguo tren ucraniano atravesando las montañas cárpatas. Recorrimos unos 132 km en aproximadamente 4h 30min. Momento en el que añoré enormemente un simple cercanías madrileño que comparado con aquel escenario sería un viaje de lujo. El precio del billete de Slavsko a Lviv es de 11 UAH (grivnas) lo que supone al cambio 0,68€. Los vagones eran un auténtico reflejo de la Ucrania más rural y humilde. Sin aire, bancos de madera y con vendedores ambulantes que ofrecían desde cuadernos con crucigramas, estampas religiosas, pipas de girasol e incluso helados que transportaban en dudosas condiciones. La variedad de pasajeros ofrecía todo un abanico de sujetos: señoras mayores con sus bolsas de rafia y pañuelo en la cabeza, pescadores con cubos llenos de trofeos recién capturados, agricultores que viajan a la capital a vender sus productos caseros, familias con niños, trabajadores, pero ningún turista. Éramos nosotros (una polaca, un italiano y yo) el centro de atención de todas las miradas. El vagón entero disfrutó de un largo viaje pendiente de cada uno de nuestros movimientos, escuchándonos hablar en un idioma extraño, vestimenta distinta y accesorios irreconocibles para muchos. Nos señalaban, nos observaban, sentías cómo su curiosidad recaía sobre nuestros gestos.

En este trayecto los pasajeros aprovechan para dormir, charlar, leer, o hablar con la gente que encuentran. Aquí no están pendientes de las pantallas de sus smartphones. Aquí no hay ni 3G y en esta zona a penas se ven pantallas táctiles. Se disfruta del viaje, del paisaje impresionante de las montañas cárpatas, de cómo el viento mueve las hojas de los árboles, de cómo cruzamos ríos y pequeñas estaciones escondidas. El tiempo parece que no avanza nunca. Reflexiono interiormente lo que supondría en épocas anteriores los largos desplazamientos. El tren viajaba casi a menos de 30 km/h, el calor era increíble, y dado el estado del cuarto de baño era mejor no beber mucho líquido durante el trayecto.

Tras un viaje fascinante repleto de miradas punzantes y una postura poco confortable sobre el banco de madera, llegamos a la estación central de tren de Lviv. Tuve la ocasión de disfrutar una vez más de casi un día en esta maravillosa ciudad y emprendí el viaje a España para conseguir el visado ucraniano. A mi paso por Lviv también tenía que recoger allí un documento imprescindible para tramitar mi visado que lamentablemente no llegó a tiempo y tuve que abandonar la ciudad sin ello, dificultando todo el proceso que os relataré a continuación.

Anteriormente había entrado en Ucrania con mi pasaporte español que como turista te permite estar 90 días en el país, pero que evidentemente no es suficiente ya que mi proyecto tiene una duración de 10 meses. Hay que comenzar el proceso de documentación que certifique legalmente mi presencia en la zona. Para ello primer paso es conseguir un visado, motivo por el cual viajé a España a la embajada ucraniana.

Estaba en un sencillo albergue del centro de Lviv pasando la noche y a la mañana siguiente comenzó la aventura sólo con una mochila como equipaje de mano y acompañada del dolor de un esguince de tobillo de la semana anterior. Desde el centro de Lviv al aeropuerto en taxi, unos 30 minutos, 40 UAH (2,47€). Y allí, casi a medio día, comienza mi tránsito aéreo por aeropuertos internacionales con una combinación de vuelos de lo más estresante.

Quisera aprovechar para contaros la tremenda situación que tuve al pasar el control de pasaportes en Lviv donde la guardia fronteriza me retuvo alegando que yo no era la misma persona que la foto y por lo tanto no me dejaban abandonar el país con dicha documentación. Mi ruso aún es muy limitado como para poder argumentar nada, y el inglés que hablan ellas (porque todas eran mujeres) era igual de escaso. Rasparon con sus uñas cada página de mi pasaporte, lo escanearon, llamadas telefónicas, búsquedas en el ordenador, un montón de preguntas. Según la policía mi imagen actual no se corresponde a mi foto del pasaporte en la que aparezco con pelo corto negro y ahora melena larga color castaño. Motivo suficiente como para sospechar de mí y retenerme ante la ventanilla.

Mis nervios comenzaron a alterarse. No dejaba de mirar el reloj. Allí parada, con mi mochila, enseñando un montón de papeles con sellos europeos explicando qué estaba haciendo en Ucrania. Tampoco entendían por qué había entrado al país por el este, en Kharkiv, y ahora salía por el oeste, Lviv. El reloj avanzaba y aquella policía no dejaba de mirarme fijamente a los ojos mientras ponía a prueba mi paciencia. Gracias a la intervención de otra policía que entendía algo más de inglés, al final conseguí el sello de salida y pude ir corriendo a la puerta de embarque pensando que estaba a punto de perder el primer vuelo y enfrentarme a un buen problema. Tenía tres vuelos que coger para poder llegar a Madrid y cruzarme prácticamente Europa de Este a Oeste.

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Volaba de Lviv a Milán con la compañía low-cost Wizzair. Al llegar sofocada a la puerta de embarque mis nervios se terminaron instantáneamente al comprobar que el vuelo salía con retraso y no perdía el avión. Pero el retraso comenzó a incrementarse y los nervios a aflorar. De nuevo mi reloj avanzaba pero el avión ni si quiera estaba en pista. Finalmente el embarque fue fugaz y despegamos cuando casi aún no estaban todos los pasajeros sentados. Tras unas dos horas de vuelo (pero ganando una hora en el reloj) aterrizo en Milán donde supuestamente tendría casi otras dos horas de espera. Mi sorpresa fue que el siguiente vuelo salía de una terminal diferente a la que había llegado y eso supuso salir del aeropuerto, coger un autobús, llegar a la otra terminal, pasar los controles y correr para llegar a la puerta de embarque porque a las 15h salía mi vuelo dirección Barcelona con easyjet.

Tras hora y media de Italia a España llegué a Barcelona como pasajera en trásito camino de mi último vuelo. Otra vez me toca pasar los controles del aeropuerto para salir fuera, coger un autobús, cambiar de terminal, pasar los controles de entrada y llegar al embarque de mi último trayecto dirección Madrid mirando el reloj cada segundo. Despegábamos supuestamente a las 18:10h y llegaba a las 19:30h a la capital, pero vueling también despegó con retraso. Ya no había nervios. Me daba igual esperar, era el tercer y último vuelo del día.

Finalmente llego a la T4 de Madrid sana y salva con mi mochila a la espalda. Con esa satisfacción de no tener que esperar a que salga el equipaje y poder cruzar la puerta de salida corriendo para abrazar a quienes me estaban esperando impacientes.

Después de descansar y dormir unas cuantas horas plácidamente ya en España, retomé mi objetivo principal: conseguir el visado en la embajada ucraniana. En el caso de que a alguien pudiera servirle de ayuda, os voy a contar cada detalle para tramitar el visado. Primeramente: no contestan al teléfono en ningún momento del día, ni a los emails. Es imposible comunicarse con ellos previamente para cualquier consulta. Acudí a la página web donde tampoco encontré respuestas a mis dudas. 

Para tramitar un visado hay que presentar varios documentos que acrediten tu presencia en el país, como cualquiera pueda imaginar o habrá experimentado. En mi caso tuve que esperar varios días a que llegase desde Ucrania por mensajería urgente el documento que me faltaba y no pude recoger antes de irme de Lviv, que era una carta de invitación para la embajada donde se detallaba mi proyecto bajo el fondo de la Comisión Europea. Hasta que no tuve en mi posesión dicho documento no pude ir a la embajada en madrid y tan sólo tenía en España dos semanas antes de que saliera mi vuelo de vuelta.

Embajada Ucrania en Madrid

Embajada Ucrania en Madrid

La embajada de Ucrania en Madrid está a las afueras de la ciudad, en un buen chalet por Arturo Soria, lejos de cualquier combinación de transporte público. Más que recomendable llevar el GPS o un mapa porque no es fácil encontrarlo y nadie en la zona conoce su ubicación. Llegué a primera hora. Abren a las 9 de la mañana. La oficina ya estaba llena de gente haciendo colas. Todos me miraban. Aparentemente era la única española. Todos los carteles, indicaciones y paneles estaban escritos en ucraniano. Ni si quiera sabía en qué cola tenía que ponerme. La persona de la ventanilla me atendió directamente en ucraniano. Incluso al decirle en español que no hablaba su idioma siguió hablándome en ucraniano. Tuve que decirle con el poco ruso que hablo, que por favor no le entendía. 

Una señora que estaba allí esperando me resolvió la duda sobre en qué cola tenía que situarme para mis trámites. No era capaz de descifrar ninguno de aquellos carteles y aunque todos me oyeron preguntar, sólo esta amable persona fue capaz de acercarse a mí y hablarme en español para ayudarme. Experimenté un gran rechazo como extranjera, mucho mayor al que había sentido el mes y medio anterior en cualquier situación en Ucrania a pesar de que estaba en España aunque en su embajada. Todo un contraste de sentimientos e impotencia burocrática.

Después de una larga espera cuando llegó mi turno en la ventanilla adecuada, mostré todos los papeles que llevaba conmigo: la carta de invitación, los certificados como voluntaria europea, las acreditaciones de la organización para la cual trabajo y el resto de documentos. Tras el cristal ahumado y sin a penas poder identificar con facilidad a la persona que me estaba atendiendo, simplemente me deslizaron por la ranura un papel, la solicitud de tramitación de visados, y gritando en ucraniano llamaron a la siguiente persona intuyendo que mi turno había terminado a pesar de estar haciendo aún preguntas.

Recojo todos los papeles que tenía allí extendidos y me retiro a una de las mesas para rellenar cada apartado con un montón de papeles en ucraniano que ni si quiera sé leer. De nuevo la señora de antes me ayudó (спасибі!), incluso me dio su boli. Fue la única persona en toda la sala que tuvo la amabilidad de ayudarme, hablarme en mi idioma y resolver la situación. 

Vuelvo a la fila a presentar toda la documentación, los papeles, dos fotos de carnet y se quedan con mi pasaporte. El pago del visado regular (59,54€) se hace mediante tarjeta de crédito (también se puede abonar en el banco pero supondría tener que regresar en otro momento) y me dan un plazo posterior a mi billete de vuelta para recoger el visado. Intento hablar con ellos para tramitarlo de manera expres pagando el doble -que es la otra posibilidad- pero incomprensiblemente no consigo dicho servicio.

Me sentí realmente extranjera (en una embajada dentro de mi propio país), rechazada y tratada con poca amabilidad, por no decir ninguna. Estas situaciones son las que nos enseñan en primera persona a ponernos también en la piel de todos aquellos extranjeros inmigrantes que están en España y a los que no siempre atendemos correctamente.  

Evidentemente tuve que hablar con mi organización ucraniana, cambiar el billete y retrasar el vuelo otra semana más para poder regresar con el visado.

Durante los días en España aproveché para ir al médico con el esguince de tobillo que llevaba arrastrando desde las semanas anteriores y que las carreras de aeropuerto en aeropuerto habían empeorado. Todavía no había conseguido hacer el reposo suficiente y seguía con el pie hinchado. 

Oficina de atención

Oficina de atención

La aventura del visado aún no acaba aquí: tuve que ir a recogerlo en la fecha indicada y encontrarme con otra situación desagradable en la embajada, la puerta cerrada. Me atendieron desde el telefonillo de la verja. Me hicieron un montón de preguntas en plena calle, me pidieron mis datos y me sugirieron regresar al día siguiente por la mañana o esperar en la calle más de media hora. Intuyo que lo que sucedió es que no tenían hecho el visado y en ese rato que estuve sentada en el bordillo, 40 minutos de reloj, procedieron a tramitarlo al mismo momento que yo esperaba fuera. 

La acera estaba llena de coches oficiales de la embajada ucraniana y en la calle contigua una patruya de la policía nacional española haciendo guardia.

Finalmente una trabajadora ucraniana salió a la calle con mi pasaporte y el libro de registro para que lo firmase. En ningún momento me ofreció entrar a la oficina ni me quiso explicar por qué me estaban atendiendo en la calle. Me pidió que firmase el registro como que recogía mi pasaporte no sin antes haber tenido la precaución de pedirle toda la documentación que había presentado, puesto que son papeles oficiales que necesitaría para el siguiente trámite que tengo que realizar. Cuando finalmente tuve todos los papeles en mi poder, firmé el libro de registro y me fui a casa con el visado por fin en mi poder.

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El lunes 16 de junio de 2014 a las 14:35 h españolas, despegó mi vuelo desde la T1 de Madrid dirección Estambul. Allí una escala de unas 5 horas, más 45min de retraso en el siguiente vuelo de Estambul a Kharkiv. Aterricé casi a las 3 de la mañana ucranianas. 

Cuando el cansancio se apoderaba de mi cuerpo me tocó pasar el control de pasaportes que de nuevo estaba custodiado todo por policías mujeres. Nunca sabes cómo elegir la que aparentemente puede ser más amable, y una vez más mis criterios me engañaron. Tuve que volver a tragar saliva cuando incluso enseñando el visado tramitado por su propio país, me cuestionaba mi presencia allí y todos los sellos que tenía anteriores. Finalmente todo quedó en unos minutos de preguntas y detalles minuciosos para retomar las pocas frases que he conseguido aprender en este tiempo.

De nuevo en el este de Ucrania y con un visado de 45 días, ahora es el momento de comenzar a tramitar el siguiente documento: el permiso de residencia -conocido como подписка (podpiska)- y que ya de entrada me han advertido de la dificultad que supondrá tramitarlo por la cantidad de documentación que exigen.

Gracias a todos los que habéis aguantado leyendo este post hasta la última línea, a quienes me mandáis ánimos y mostráis preocupación ante la situación que está viviendo el país. Deciros una vez más que me encuentro perfectamente y que no hay mejor experiencia que salir de la zona de confort para aprender constantemente.

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Curso de formación: OAT para EVS

Tras mi viaje en tren desde Kharkiv, pasando por Kiev, llegué a Slavske casi un mes después de aterrizar en Ucrania. Ahí comienza mi curso de formación como voluntaria europea. En la jerga oficial se conoce como OAT (On Arrival Training) para EVS (European Voluntary Service). Lo organiza la agencia SALTO – Youth EECA, Eastern Europe and Caucasus Resource Centre.

El curso tiene lugar en las montañas cárpatas del oeste de Ucrania, donde nos reunimos los EVS de Europa del Este que acabamos de comenzar nuestro proyecto con la finalidad de ayudarnos e introducirnos en el programa. El pueblecito se llama Slavaske, una zona muy rural, donde tan sólo en invierno reciben a algunos turistas. La pequeña población no tiene mucho comercio, aunque hay varios hoteles que fortalecen la zona. El tren cruza el pueblo varias veces al día, siendo el único ruido que irrumpe en la serenidad de las montañas.

El hotel es un pequeño resort rural en una zona de montaña muy popular en el oeste del país sobre todo en época de esquí, aunque también en verano es muy común para una buena escapada local.

No puedo evitar resaltar el grupo de ovejitas que hay en el hotel, el mejor corta césped que existe. Al parecer es bastante habitual que hoteles de este estilo tengan animales de la zona bien sea para aprovechar sus productos o como en este caso, para dejar el césped a punto.

Tenemos dos personas encargadas de la formación, una supervisora de la propia agencia SALTO, y una coordinadora general. Somos un total de 12 EVS y la mayoría nos hemos incorporado a nuestros respectivos proyectos en el último mes. 3 españoles, 3 polacas, 2 italianos, 2 franceses y 1 portugués. Los EVS de Bielorusia no han podido venir al curso por motivos relacionados con la situación política actual, así que finalmente sólo estamos aquí los EVS de Ucrania y Moldavia.

Desde la tarde del jueves 15 de mayo y hasta el martes 20 mayo, tenemos una agenda llena de sesiones intensas de introducción al EVS, interculturalidad, Erasmus+, información general, conflictos y condiciones generales. Se trata de una toma de contacto directa con la teoría y las normas que regulan los programas de EVS en Europa del Este. Actividades en grupos, momentos de reflexión personal, debates, presentaciones, dinámicas y todo tipo de retos. 

Todos los programas de EVS dedican un 25% al desarrollo de un proyecto personal. Lo que supone que si como voluntaria europea trabajo 5 días a la semana, me corresponde más de uno de esos días para dedicarlo a mi proyecto personal. En el curso de iniciación se ha hecho mucho hincapié en cómo queremos encaminar nuestro proyecto, qué ideas tenemos, qué queremos conseguir y cuál es nuestra meta. El proyecto personal de cada EVS está relacionado con los mismos sectores en los que tenemos firmado nuestro acuerdo, en mi caso es el Arte.

Dentro del programa del curso tuvimos también una tarde libre donde hicimos una excursión a las montañas. La sorpresa fue el transporte: un camión antiquísimo para todos que nos regaló unas cuantas risas y varios botes en el culo. Las subidas fueron impresionantes, respirar un aire puro y disfrutar de un paisaje formidable. Pudimos también visitar un memorial que hay en la zona a Stepán Bandera, el líder nacionalista ucraniano que tuvo un papel muy relevante en la Segunda Guerra Mundial ayudando a muchas familias a refugiarse en las montañas.

Tras los días del curso y unas buenas jornadas de reflexión personal comienzo a esbozar una idea sobre lo que podría plantearme desarrollar como proyecto personal. 

Los temas tratados durante estos días han sido principalmente todo lo relacionado con el EVS, las modificaciones del programa Erasmus+, Youth in action, la figura del mentor, el seguro médico, las responsabilidades como EVS, el proyecto personal, la organización de envío y la organización de acogida.

Durante estos días de trabajo se llega a hacer una auténtica piña con los asistentes, trabajando codo con codo en cada sesión junto a los monitores y clarificando todas las cuestiones y dudas que tenemos como principiantes.

Dentro de unos meses volveremos a encontrarnos todos en un nuevo curso a mitad de nuestra estancia como EVS.

Kharkiv – Kiev – Slavske

La siguiente aventura comienza con otro viaje en tren para ir a lo que los EVS conocemos como OAT (On Arrival Training) o curso de iniciación al Servicio de Voluntariado Europeo, donde nos juntaremos todos los EVS que acabamos de comenzar nuestros proyectos en Ucrania, Moldovia y Bielorusia.

Captura de pantalla 2014-05-18 a la(s) 16.39.01Mi itinerario está formado por dos viajes en tren muy diferentes. El primero de ellos sale de Kharkiv a las 6:56 de la mañana del jueves 14 mayo. Un tren regional, con asientos bastantes cómodos -si viajas en segunda al menos- y un ambiente muy tranquilo.

Nada más llegar a la estación de Kiev me asombran las enormes lámparas del hall principal y cómo los taxistas están al acecho de todos los viajeros, principalmente extranjeros. En Ucrania es común negociar el precio del viaje en taxi antes de montar, por lo que generalmente se recomienda llamar por teléfono a la centralita y acordarlo, ya que coger un taxi a pie de calle puede ser más caro. 

Una vez en la estación lo primero que hice fue buscar la consigna para dejar la maleta y así liberarme del bulto. Una tarea aparentemente sencilla pero cualquiera que haya estado allí puede confirmarme que no basta con seguir los carteles que te guían hasta las taquillas automáticas, sino que se convierte en un laberinto. 

Tenía 7 horas en la capital por lo que después de un almuerzo rápido y otras gestiones administrativas, tuve oportunidad de visitar el centro a pesar de la molestia que supone tener un esguince de tobillo.

Junto a la estación de tren está la estación de metro “Vokzalna”, y por 2 UAH tienes una ficha para entrar. 

El metro de Kiev fue el primero de toda Ucrania y es el medio de transporte más popular en la capital. Largas escaleras mecánicas que parecen no terminar nunca donde los pasajeros siempre van situados a la derecha y sujetos al pasamos, casi sin excepción. 

Cogemos la línea 1 (roja) hasta Khreshchatyk donde conecta con la la parada de Maidan Nezalezhnosti de la línea 2 (azul). 

Maidan Nezalezhnosti ( Майдан Незалежності en ucraniano) es la plaza de la Independencia y está situada en pleno centro de la ciudad, en la calle Jreshchátyk. Popularmente se conoce como “Maidan”, la plaza. Y después de las últimas revueltas y manifestaciones también se refieren a ella como “EuroMaidan”.  

Cuando conseguimos salir a la superficie desde el metro, reina casi el silencio en la plaza. Anonadados al contemplar en directo el escenario de la violencia y las protestas que tiempo atrás habíamos seguido en las noticias. El dolor está en el aire. Hay imágenes de las víctimas por todas partes, velas, flores. Impactantes tiendas militares. Adoquines amontonados. Banderas. Barricadas. Un puesto médico. Una capilla. Incluso una pantalla gigante que retransmite noticias, imágenes actuales y música internacional. 

Uno de los edificios principales de la plaza muestra graves signos de incendio, porque durante los días más fuertes de las protestas el fuego comenzó en la azotea justo cuando en la 3ª y 5ª planta estaban atendiendo a las víctimas de los tiroteos de la plaza en un improvisado hospital, y todas esas personas se quemaron vivas ardiendo en llamas ya que no hubo posibilidad de sacarlas a todas. Por cada persona que murió ardiendo en llamas, han pintado un punto rojo en la fachada simbolizando toda la sangre que se derramó allí tras los disparos de las fuerzas especiales de seguridad y la falta de medios para extinguir las llamas.

La sensación es casi indescriptible. El dolor está presente, pero a juzgar por la actitud de los que allí están viviendo acampados, la lucha también. Junto a un reloj que hay uno de los jardines laterales se han ido acumulando flores, velas, y fotos de las víctimas. Toda esa zona emana tristeza. Cintas con los colores de Ucrania atadas a todas partes. 

A medida que voy recorriendo la zona encuentro cosas más impactantes. Brutal. Impresionante. Estaba atónita. Piel de gallina. 

En muchas zonas han hecho montones con los adoquines que levantaron durante los días clave de las protestas. Incluso en ciertas partes han intentado alinearlos de algún modo e intentar volver a tener un pavimento, porque ahora en ciertas partes no hay más que charcos y barro.

Carteles que rezan nombres. Pancartas que gritan ideas. Flores que despiden víctimas. Velas que recuerdan almas.

Maidan es casi una zona cero. Pero allí sigue habiendo gente acampada dispuesta a defender sus ideas y luchar por ellas, aunque algunas parecen estar haciendo negocio de ello.

Los árboles de las calles adyacentes están llenos de coronas de flores y fotos de los fallecidos. Según avanzo por la acera tengo la sensación de recorrer un cementerio improvisado.

Pero lo más impresionante quizás sea encontrar la gran barricada que cierra el acceso principal a la plaza bajo la estructura de un puente metálico, cubierto por pancartas con las caras de las víctimas. Bajo ese puente el conglomerado de neumáticos, maderos, barriles, sacos de arena, adoquines.

Las tiendas están organizadas por grupos y muchas de ellas tienen fuera una caja aceptando donativos para subsistir. Algunas han instalado antiguas cocinas o braseros. Todas tienen sus respectivas banderas o escudos de sus grupos o zonas de procedencia.

En la plaza también hay instalado un escenario que se ha ido sobrecargando con más imágenes y pancartas.  En uno de los laterales la figura de una virgen rodeada de velas y también un crucifijo de madera de medidas considerables. 

Turistas, curiosos, periodistas merodean toda la zona cámara en mano. Pero también hay muchos ucranianos que acuden desde cualquier punto del país a visitar la plaza y fotografiar el recuerdo. A contemplar otro episodio más de la historia de su país o a velar por sus seres queridos que allí perdieron la vida durante esos días.

Maidan está desgastada. Presenta signos de violencia, restos de incendios, cristales rotos, fachadas pintadas, aceras deshechas. Tan sólo la columna central con la estatua por la libertad de Ucrania y el imponente hotel Ukrayina parecen permanecer intactos. La pancarta principal que hay en la plaza reza unas frases sobre una “improvisada religión” que califica todos estos acontecimientos como “la revolución del sol”, y bajo el símbolo del triángulo amarillo unifican estas nuevas ideas que no todos los ucranianos comparten aunque los medios nos hagan ver lo contrario.

Aprovechamos para acercarnos rápidamente a la catedral de Santa Sofía (en ucraniano Собор Святої Софії) con sus 13 cúpulas de roble, su campanario, cruzar la plaza Bohdán Jmelnytsky y llegar al Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas donde conseguimos incluso asistir a una celebración religiosa. 

Me cubro la cabeza para entrar, ya que está mal visto que la mujer entre en un templo ortodoxo con la cabeza descubierta y en muchos de ellos es obligatorio aunque creo que es más bien una tradición más que una obligación.

Hacemos una visita muy sigilosa y rápida sin llamar la atención en exceso puesto que están en una celebración. No hay mucha gente dentro del monasterio por lo que tenemos oportunidad de verlo con cierta rapidez y contemplar los frescos y mosaicos.

El reloj nos obliga a regresar a la estación de tren. Hay que recoger la maleta de la consigna y localizar el andén correspondiente. Tren nocturno destino a Slavske, unos 800 km desde la capital hacia la zona oeste del país, cerca de la frontera con Eslovaquia y Polonia. A las montañas cárpatas, donde estamos alojados en un resort rural durante los días del curso. Pero dejaré la formación y el paisaje montañoso para el siguiente post.

18 horas en tren

Una de las experiencias más aconsejables para conocer Ucrania es hacer un viaje en tren dentro del país. La red de ferrocarriles ucraniana es bastante amplia y quizás sea la manera más recomendable para viajar evitando así las carreteras llenas de baches o los aeropuertos. Para los viajeros asiduos a los trenes, una de las prácticas más habituales es coger el tren nocturno con la finalidad de economizar mejor el tiempo en los trayectos más largos.

Mi primer viaje en tren en Ucrania comienza en la estación de Kharkiv en el vagón 19, segunda clase, litera 14. Un trayecto de más de 1000km cruzando todo el país desde el Este (en la frontera con Rusia) hasta la zona Oeste (en la frontera con Polonia). El recorrido dura 18 horas sin ninguna parada donde los viajeros puedan salir del tren por lo que se permanece todo el trayecto dentro del vagón bien sea en la cama asignada o en el pasillo de pie. Los vagones están divididos en compartimentos para cuatro personas: dos camas en la parte inferior y dos en la superior. Los vagones tienen un servicio en cada extremo, una zona para los vigilantes y un samovar, que es como un tipo de termo grande muy típico de los países del este de Europa para calentar el agua del té.

mapaviajeentren

He de reconocer que me ha sorprendido positivamente el estado del compartimento así como del mobiliario ya que esperaba algo mucho más deteriorado aunque imagino que dependerá también del tren en el que viajes.

 

La estación de Kharkiv es bastante amplia con una decoración muy recargada, pintura color pastel y una pantalla gigante donde anuncian los trenes. Hay que estar muy atento y familiarizarse bien con algunas palabras para poder diferenciar las salidas de las llegadas y localizar bien la vía correspondiente. Bajo el hall principal hay toda una estructura de pasadizos subterráneos -muy similares a los pasillos del metro de la ciudad- para acceder a los andenes. Los revisores esperan en la puerta de cada vagón donde comprueban el billete y nos piden el pasaporte. El interior se reduce a un largo pasillo y los compartimentos con las camas. El primer paso es colocar el equipaje: en caso de tener la cama inferior el asiento se levanta para meter ahí las maletas pero en caso de la cama superior hay que subir la maleta arriba a una zona reservada para ello.

 

Sobre la cama hay una bolsa cerrada que contiene dos sábanas, una funda para la almohada y una pequeña toalla. Sobre el asiento hay también un colchón y una almohada. Pero antes de todo lo primero que hay que hacer es quitarse los zapatos, hay alfombra en todas partes del vagón menos en el servicio. El siguiente paso, evitando no molestar demasiado al resto de pasajeros, es preparar la cama lo antes posible para poder saltar y subir a la litera. El espacio es algo reducido y en principio puede parecer incluso agobiante aunque a medida que pasan las horas comienzas a acostumbrarte.

Una vez que el tren sale de la estación y los pasajeros están acomodados en sus respectivas camas, el vigilante recoge el billete de cada pasajero y lo guardará durante todo el viaje pero hay que recogerlo cuando llegas al destino antes de apearse del tren.

Este tipo de viajes son una ocasión estupenda para practicar el idioma, retomar una buena lectura, escribir o simplemente descansar las horas suficientes. Aunque los ucranianos pueden parecer algo distantes en su vida cotidiana, durante estos viajes se muestran mucho más amables y es fácil entablar conversación con ellos, pequeñas charlas para conocer a los compañeros de cama y compartir algunos alimentos ya que la mayoría de las personas llevan su propia comida.

 

Las últimas horas del viaje suelen ser el mejor momento para disfrutar un poco del paisaje y recoger la cama, ya que hay que dejar el asiento tal y como lo encontramos entregando las sábanas antes de llegar al destino.

 

2014-05-03 13.33.04Y efectivamente, tras las 18 horas dentro del tren llegamos a Lviv dispuestos a continuar la aventura. El siguiente paso es situarnos en la ciudad, encontrar el alojamiento que tenemos reservado y hacer algunas tareas pendientes. El próximo post será sobre mis primeras impresiones de la ciudad y el inicio del curso que justifica el desplazamiento.2014-05-03 13.34.38-1

 

+2 semanas

Ya he traspasado la barrera de las dos semanas y no hay día que no encuentre algo nuevo con lo que sorprenderme. Esta semana ha sido muy corta pero intensa ya que los tres días laborales fueron muy acelerados. Estuve de nuevo en el Museo de Literatura preparando la Noche de los Museos, me pasé también por la galería de Arte, tuve mi tercera clase de ruso, comida en la organización y un par de reuniones. Tenía que dejar cerrados varios asuntos ya que mañana salgo de viaje y estaré fuera más de una semana. Mayo comienza con 11 billetes impresos sobre la mesa: tren y avión. Aún falta sumar algunos de autobús creo, pero esos sólo podemos comprarlos en destino. Este mes lo voy a pasar de estación en estación y de aeropuerto en aeropuerto, pero en todas partes hay algo desconocido esperando.

En realidad no hace falta que me vaya más lejos aún para encontrarme con cosas extrañas porque el simple hecho de salir de casa para ir al supermercado ya supone todo un reto.

Hoy he salido de casa y los ascensores no funcionaban, algo que en un edificio de 16 plantas es bastante necesario. Desde que llegué siempre me había preguntado qué pasaría en caso de avería ya que no he había sido capaz de encontrar las escaleras y hoy por fin he podido averiguarlo. La puerta del pasillo que tiene un candado enorme es la que da acceso a las escaleras y hoy por  primera vez estaba abierto. Sinceramente espero que no vuelva a ocurrir y que esas escaleras sigan cerradas siempre porque hay motivos más que suficientes como para evitar el acceso del público. Si resulta que los ascensores podrían ser el escenario ideal para cualquier película de terror de los 90 de las escaleras preferiría casi no hablar, de hecho he bajado tan rápido que no me he querido entretener ni a hacer una foto.

El portero parece que había estado ordenando el panel de anuncios de la salida y creo intuir que la barandilla de la salida tiene menos mierda de la habitual. Puede que incluso sea para resaltar los colores, ya que hoy día uno de mayo todos están más reivindicativos de lo normal. Tras la lluvia y el frío de ayer hoy había que andar con mucho cuidado. Aquí hablar de “charcos” es casi una metáfora porque no me sorprendería ver ser acuáticos habitando esas masas de agua de las calles. Así que es normal que destrocen tan pronto los coches y que los ricachones lleven todos 4×4.

De camino al supermercado me encuentro la misma estampa de todos los días: las бабушки sentadas en los bancos a la entrada de cada bloque. Al parecer comienzan a salir en cuanto se va la nieve y el invierno, y no se mueven de ahí hasta que vuelve o hasta que tienen que subir a casa a hacer la sopa. Las abuelas ucranianas se pasan el día sentadas en la puerta de casa hablando.

Tras sortear a las бабушки y a los charcos llego al súper más cercano. He de reconocer que me ha costado un poquito aprender a leer el dichoso cartel para saber el nombre aunque ahora creo que la cajera lo dice en una de las preguntas que me suelta en cuanto que llego con la compra.

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супермаркет “Сільпо” forma parte del grupo Fozzy y es la cadena de supermercados más grande de todo el país. La mayoría abren las 24h, zonas de autoservicio y precios bajos. Han sido el paso definitivo para acercar a los ucranianos a las grandes superficies, ya que siempre solían acudir a pequeñas tiendas y mercados. Creo que si algo les caracteriza es que puedes encontrar los productos básicos a granel por lo que conviene calcular un poco el volumen y peso de lo que se compra. La harina, la pasta, legumbres, arroz, cereales, galletas, caramelos… todo un desafío de vocabulario que buscar luego en la balanza, por lo que no me queda más remedio que ir al súper con el diccionario y la lista de la compra traducida. Aunque en algunas ocasiones yo llevo la palabra buscada en ruso y luego sólo la ponen en ucraniano y viceversa. Sin hablar de tipografías o escrituras, porque con tanto derroche creativo en ocasiones no hay quien reconozca las letras en las etiquetas (como sucede con el logo del propio supermercado) o quien entienda qué pone en los carteles de la frutería.

La pescadería tiene una amplia variedad de productos que pueden llegar a sorprendernos principalmente porque aquí se consumen de manera muy diferente. La charcutería está dominada por todo tipo de salchichas mientras que el centeno es el anfitrión en la panadería. Por supuesto el vodka domina los pasillos de la bebidas y los congelados también tienen pescados al peso. La parte más complicada es comprar productos que no se identifican tan fácilmente como la lejía o el acondicionador del pelo. Ni el diccionario ni las 3 aplicaciones del móvil me han sabido decir con qué me voy a lavar ahora el pelo.

Espero ir progresando con el idioma poco a poco y poder desenvolverme mejor, que no quiero que se piensen que soy igual de rancia que ellos.

Mañana comienza mi siguiente aventura: un viaje en tren para cruzar el país de punta a punta y asistir a un curso de formación. Iré de Kharkiv a Lviv, más de mil kilómetros y 16 horas de trayecto en la litera superior del compartimento del vagón 19. Contenido ineludible para el siguiente post. ¡Gracias!