La anécdota de la vaca.

A los poquitos días de aterrizar de nuevo en Kharkiv, Este de Ucrania mi agenda tenía marcado otro viaje para el siguiente curso de formación de la Comisión Europea, pero me voy a centrar en una anécdota graciosa para que veáis mis torpezas intentando aprender la lengua rusa.

Resulta que íbamos camino del hotel en un taxi, en una zona muy rural, mi compañera de trabajo y yo, cargadas con todo el material que la organización necesitaba para el curso al que asistíamos como participantes pero también como equipo técnico.

Partimos de la famosa ciudad de Lviv, al Oeste de Ucrania, en dirección a Pustomiti, a un pueblecito muy pequeño donde hay un resort hotelero de retiro, naturaleza, junto a unos lagos y un paisaje precioso.

DSC00237

Un taxista muy peculiar, con rasgos muy característicos y un par de dientes de oro. Un taxi bastante descuidado, la bandera de Ucrania en el salpicadero y un icono ortodoxo presidiendo la escena bajo el retrovisor central. Aquí una servidora iba de copiloto, mi compañera Bárbara en el asiento trasero junto con nuestro equipaje y el maletero cargado al completo de material.

Un trayecto de unos 20km lleno de baches, botes, haciendo zig-zag con el taxi y recorriendo el doble de pista con tal de no dejarse los bajos en ningún socabón. 

Bárbara y yo hablando en inglés a voces para escucharnos desde el asiento delantero al trasero, las ventanillas abiertas, la radio de fondo, mientras el señor taxista me preguntaba todo tipo de cosas en ruso para amenizar el trayecto. Después de varias frases me solté, y aproveché para decirle que en España tenemos a Fernando Alonso y solemos pisar el acelerador un poquito más para pagar menos en el taxi. Captó la indirecta, pero nuestros traseros experimentaron los baches también.

Yo, toda orgullosa de haberme entendido en ruso con el señor, seguía prácticando vocabulario y frases de cortesía, mientras él se reía libremente de mis esfuerzos intentando descifrar mis composiciones lingüísticas. Mi valentía y esparpajo avanzaban más rápido que el velocímetro del taxi.

Nos adentramos en la pequeña población donde está situado el resort hotelero. De nuevo, oso a animar al taxista a aligerar el ritmo, giramos una calle a la derecha y nos topamos de frente con una señora tirando de una vaca enorme. 

Y aquí viene la escena, (con transcripción fonética)

María: “savaca”! “savaca”! STOP! “savaca”!

Taxista: niet! niet! niet sobaka!

María: “savaca”! “savaca”! STOP! STOP!

Baja la velocidad. Parados en el centro de la carretera. Bárbara desde el asiento trasero riéndose sin parar. El taxista a carcajadas enseñándome sus dientes de oro casi con flato de la risa. Mi cara todo un poema ante tal situación. La señora con la vaca se retiran. Siguen las risas dentro del taxi. Y yo sigo agarrada al salpicadero mirando al animal, sin enterarme de nada.

DSC00242

Para aclarar el chiste: en ruso “собака” (sobaka) significa “perro”, mientras que “vaca” se dice “корова” (korova). Después de ese día nunca más confundiré esas dos palabras.

Ucrania – España – Ucrania, camino del visado.

Llevaba un tiempo buscando la ocasión para poder escribir en el blog todo lo sucedido durante las últimas semanas ya que como muchos sabéis he estado de visita por España. Hoy, ya instalada nuevamente en mi dirección ucraniana, es el mejor momento para proceder a ello.

Anteriormente me había desplazado desde Kharkiv, la ciudad donde vivo al este de Ucrania, a Kiev para coger el tren dirección a Slavsko, donde tuvo lugar el último curso formación al que asistí para iniciarme dentro del servicio de voluntariado europeo, podéis leer el post anterior si alguien quiere más detalles al respecto.

Captura de pantalla 2014-06-02 a la(s) 22.09.59

Desde Slavsko viajé a Lviv en un antiguo tren ucraniano atravesando las montañas cárpatas. Recorrimos unos 132 km en aproximadamente 4h 30min. Momento en el que añoré enormemente un simple cercanías madrileño que comparado con aquel escenario sería un viaje de lujo. El precio del billete de Slavsko a Lviv es de 11 UAH (grivnas) lo que supone al cambio 0,68€. Los vagones eran un auténtico reflejo de la Ucrania más rural y humilde. Sin aire, bancos de madera y con vendedores ambulantes que ofrecían desde cuadernos con crucigramas, estampas religiosas, pipas de girasol e incluso helados que transportaban en dudosas condiciones. La variedad de pasajeros ofrecía todo un abanico de sujetos: señoras mayores con sus bolsas de rafia y pañuelo en la cabeza, pescadores con cubos llenos de trofeos recién capturados, agricultores que viajan a la capital a vender sus productos caseros, familias con niños, trabajadores, pero ningún turista. Éramos nosotros (una polaca, un italiano y yo) el centro de atención de todas las miradas. El vagón entero disfrutó de un largo viaje pendiente de cada uno de nuestros movimientos, escuchándonos hablar en un idioma extraño, vestimenta distinta y accesorios irreconocibles para muchos. Nos señalaban, nos observaban, sentías cómo su curiosidad recaía sobre nuestros gestos.

En este trayecto los pasajeros aprovechan para dormir, charlar, leer, o hablar con la gente que encuentran. Aquí no están pendientes de las pantallas de sus smartphones. Aquí no hay ni 3G y en esta zona a penas se ven pantallas táctiles. Se disfruta del viaje, del paisaje impresionante de las montañas cárpatas, de cómo el viento mueve las hojas de los árboles, de cómo cruzamos ríos y pequeñas estaciones escondidas. El tiempo parece que no avanza nunca. Reflexiono interiormente lo que supondría en épocas anteriores los largos desplazamientos. El tren viajaba casi a menos de 30 km/h, el calor era increíble, y dado el estado del cuarto de baño era mejor no beber mucho líquido durante el trayecto.

Tras un viaje fascinante repleto de miradas punzantes y una postura poco confortable sobre el banco de madera, llegamos a la estación central de tren de Lviv. Tuve la ocasión de disfrutar una vez más de casi un día en esta maravillosa ciudad y emprendí el viaje a España para conseguir el visado ucraniano. A mi paso por Lviv también tenía que recoger allí un documento imprescindible para tramitar mi visado que lamentablemente no llegó a tiempo y tuve que abandonar la ciudad sin ello, dificultando todo el proceso que os relataré a continuación.

Anteriormente había entrado en Ucrania con mi pasaporte español que como turista te permite estar 90 días en el país, pero que evidentemente no es suficiente ya que mi proyecto tiene una duración de 10 meses. Hay que comenzar el proceso de documentación que certifique legalmente mi presencia en la zona. Para ello primer paso es conseguir un visado, motivo por el cual viajé a España a la embajada ucraniana.

Estaba en un sencillo albergue del centro de Lviv pasando la noche y a la mañana siguiente comenzó la aventura sólo con una mochila como equipaje de mano y acompañada del dolor de un esguince de tobillo de la semana anterior. Desde el centro de Lviv al aeropuerto en taxi, unos 30 minutos, 40 UAH (2,47€). Y allí, casi a medio día, comienza mi tránsito aéreo por aeropuertos internacionales con una combinación de vuelos de lo más estresante.

Quisera aprovechar para contaros la tremenda situación que tuve al pasar el control de pasaportes en Lviv donde la guardia fronteriza me retuvo alegando que yo no era la misma persona que la foto y por lo tanto no me dejaban abandonar el país con dicha documentación. Mi ruso aún es muy limitado como para poder argumentar nada, y el inglés que hablan ellas (porque todas eran mujeres) era igual de escaso. Rasparon con sus uñas cada página de mi pasaporte, lo escanearon, llamadas telefónicas, búsquedas en el ordenador, un montón de preguntas. Según la policía mi imagen actual no se corresponde a mi foto del pasaporte en la que aparezco con pelo corto negro y ahora melena larga color castaño. Motivo suficiente como para sospechar de mí y retenerme ante la ventanilla.

Mis nervios comenzaron a alterarse. No dejaba de mirar el reloj. Allí parada, con mi mochila, enseñando un montón de papeles con sellos europeos explicando qué estaba haciendo en Ucrania. Tampoco entendían por qué había entrado al país por el este, en Kharkiv, y ahora salía por el oeste, Lviv. El reloj avanzaba y aquella policía no dejaba de mirarme fijamente a los ojos mientras ponía a prueba mi paciencia. Gracias a la intervención de otra policía que entendía algo más de inglés, al final conseguí el sello de salida y pude ir corriendo a la puerta de embarque pensando que estaba a punto de perder el primer vuelo y enfrentarme a un buen problema. Tenía tres vuelos que coger para poder llegar a Madrid y cruzarme prácticamente Europa de Este a Oeste.

mapa_visado_europa

Volaba de Lviv a Milán con la compañía low-cost Wizzair. Al llegar sofocada a la puerta de embarque mis nervios se terminaron instantáneamente al comprobar que el vuelo salía con retraso y no perdía el avión. Pero el retraso comenzó a incrementarse y los nervios a aflorar. De nuevo mi reloj avanzaba pero el avión ni si quiera estaba en pista. Finalmente el embarque fue fugaz y despegamos cuando casi aún no estaban todos los pasajeros sentados. Tras unas dos horas de vuelo (pero ganando una hora en el reloj) aterrizo en Milán donde supuestamente tendría casi otras dos horas de espera. Mi sorpresa fue que el siguiente vuelo salía de una terminal diferente a la que había llegado y eso supuso salir del aeropuerto, coger un autobús, llegar a la otra terminal, pasar los controles y correr para llegar a la puerta de embarque porque a las 15h salía mi vuelo dirección Barcelona con easyjet.

Tras hora y media de Italia a España llegué a Barcelona como pasajera en trásito camino de mi último vuelo. Otra vez me toca pasar los controles del aeropuerto para salir fuera, coger un autobús, cambiar de terminal, pasar los controles de entrada y llegar al embarque de mi último trayecto dirección Madrid mirando el reloj cada segundo. Despegábamos supuestamente a las 18:10h y llegaba a las 19:30h a la capital, pero vueling también despegó con retraso. Ya no había nervios. Me daba igual esperar, era el tercer y último vuelo del día.

Finalmente llego a la T4 de Madrid sana y salva con mi mochila a la espalda. Con esa satisfacción de no tener que esperar a que salga el equipaje y poder cruzar la puerta de salida corriendo para abrazar a quienes me estaban esperando impacientes.

Después de descansar y dormir unas cuantas horas plácidamente ya en España, retomé mi objetivo principal: conseguir el visado en la embajada ucraniana. En el caso de que a alguien pudiera servirle de ayuda, os voy a contar cada detalle para tramitar el visado. Primeramente: no contestan al teléfono en ningún momento del día, ni a los emails. Es imposible comunicarse con ellos previamente para cualquier consulta. Acudí a la página web donde tampoco encontré respuestas a mis dudas. 

Para tramitar un visado hay que presentar varios documentos que acrediten tu presencia en el país, como cualquiera pueda imaginar o habrá experimentado. En mi caso tuve que esperar varios días a que llegase desde Ucrania por mensajería urgente el documento que me faltaba y no pude recoger antes de irme de Lviv, que era una carta de invitación para la embajada donde se detallaba mi proyecto bajo el fondo de la Comisión Europea. Hasta que no tuve en mi posesión dicho documento no pude ir a la embajada en madrid y tan sólo tenía en España dos semanas antes de que saliera mi vuelo de vuelta.

Embajada Ucrania en Madrid

Embajada Ucrania en Madrid

La embajada de Ucrania en Madrid está a las afueras de la ciudad, en un buen chalet por Arturo Soria, lejos de cualquier combinación de transporte público. Más que recomendable llevar el GPS o un mapa porque no es fácil encontrarlo y nadie en la zona conoce su ubicación. Llegué a primera hora. Abren a las 9 de la mañana. La oficina ya estaba llena de gente haciendo colas. Todos me miraban. Aparentemente era la única española. Todos los carteles, indicaciones y paneles estaban escritos en ucraniano. Ni si quiera sabía en qué cola tenía que ponerme. La persona de la ventanilla me atendió directamente en ucraniano. Incluso al decirle en español que no hablaba su idioma siguió hablándome en ucraniano. Tuve que decirle con el poco ruso que hablo, que por favor no le entendía. 

Una señora que estaba allí esperando me resolvió la duda sobre en qué cola tenía que situarme para mis trámites. No era capaz de descifrar ninguno de aquellos carteles y aunque todos me oyeron preguntar, sólo esta amable persona fue capaz de acercarse a mí y hablarme en español para ayudarme. Experimenté un gran rechazo como extranjera, mucho mayor al que había sentido el mes y medio anterior en cualquier situación en Ucrania a pesar de que estaba en España aunque en su embajada. Todo un contraste de sentimientos e impotencia burocrática.

Después de una larga espera cuando llegó mi turno en la ventanilla adecuada, mostré todos los papeles que llevaba conmigo: la carta de invitación, los certificados como voluntaria europea, las acreditaciones de la organización para la cual trabajo y el resto de documentos. Tras el cristal ahumado y sin a penas poder identificar con facilidad a la persona que me estaba atendiendo, simplemente me deslizaron por la ranura un papel, la solicitud de tramitación de visados, y gritando en ucraniano llamaron a la siguiente persona intuyendo que mi turno había terminado a pesar de estar haciendo aún preguntas.

Recojo todos los papeles que tenía allí extendidos y me retiro a una de las mesas para rellenar cada apartado con un montón de papeles en ucraniano que ni si quiera sé leer. De nuevo la señora de antes me ayudó (спасибі!), incluso me dio su boli. Fue la única persona en toda la sala que tuvo la amabilidad de ayudarme, hablarme en mi idioma y resolver la situación. 

Vuelvo a la fila a presentar toda la documentación, los papeles, dos fotos de carnet y se quedan con mi pasaporte. El pago del visado regular (59,54€) se hace mediante tarjeta de crédito (también se puede abonar en el banco pero supondría tener que regresar en otro momento) y me dan un plazo posterior a mi billete de vuelta para recoger el visado. Intento hablar con ellos para tramitarlo de manera expres pagando el doble -que es la otra posibilidad- pero incomprensiblemente no consigo dicho servicio.

Me sentí realmente extranjera (en una embajada dentro de mi propio país), rechazada y tratada con poca amabilidad, por no decir ninguna. Estas situaciones son las que nos enseñan en primera persona a ponernos también en la piel de todos aquellos extranjeros inmigrantes que están en España y a los que no siempre atendemos correctamente.  

Evidentemente tuve que hablar con mi organización ucraniana, cambiar el billete y retrasar el vuelo otra semana más para poder regresar con el visado.

Durante los días en España aproveché para ir al médico con el esguince de tobillo que llevaba arrastrando desde las semanas anteriores y que las carreras de aeropuerto en aeropuerto habían empeorado. Todavía no había conseguido hacer el reposo suficiente y seguía con el pie hinchado. 

Oficina de atención

Oficina de atención

La aventura del visado aún no acaba aquí: tuve que ir a recogerlo en la fecha indicada y encontrarme con otra situación desagradable en la embajada, la puerta cerrada. Me atendieron desde el telefonillo de la verja. Me hicieron un montón de preguntas en plena calle, me pidieron mis datos y me sugirieron regresar al día siguiente por la mañana o esperar en la calle más de media hora. Intuyo que lo que sucedió es que no tenían hecho el visado y en ese rato que estuve sentada en el bordillo, 40 minutos de reloj, procedieron a tramitarlo al mismo momento que yo esperaba fuera. 

La acera estaba llena de coches oficiales de la embajada ucraniana y en la calle contigua una patruya de la policía nacional española haciendo guardia.

Finalmente una trabajadora ucraniana salió a la calle con mi pasaporte y el libro de registro para que lo firmase. En ningún momento me ofreció entrar a la oficina ni me quiso explicar por qué me estaban atendiendo en la calle. Me pidió que firmase el registro como que recogía mi pasaporte no sin antes haber tenido la precaución de pedirle toda la documentación que había presentado, puesto que son papeles oficiales que necesitaría para el siguiente trámite que tengo que realizar. Cuando finalmente tuve todos los papeles en mi poder, firmé el libro de registro y me fui a casa con el visado por fin en mi poder.

foto_visado_ucrania

El lunes 16 de junio de 2014 a las 14:35 h españolas, despegó mi vuelo desde la T1 de Madrid dirección Estambul. Allí una escala de unas 5 horas, más 45min de retraso en el siguiente vuelo de Estambul a Kharkiv. Aterricé casi a las 3 de la mañana ucranianas. 

Cuando el cansancio se apoderaba de mi cuerpo me tocó pasar el control de pasaportes que de nuevo estaba custodiado todo por policías mujeres. Nunca sabes cómo elegir la que aparentemente puede ser más amable, y una vez más mis criterios me engañaron. Tuve que volver a tragar saliva cuando incluso enseñando el visado tramitado por su propio país, me cuestionaba mi presencia allí y todos los sellos que tenía anteriores. Finalmente todo quedó en unos minutos de preguntas y detalles minuciosos para retomar las pocas frases que he conseguido aprender en este tiempo.

De nuevo en el este de Ucrania y con un visado de 45 días, ahora es el momento de comenzar a tramitar el siguiente documento: el permiso de residencia -conocido como подписка (podpiska)- y que ya de entrada me han advertido de la dificultad que supondrá tramitarlo por la cantidad de documentación que exigen.

Gracias a todos los que habéis aguantado leyendo este post hasta la última línea, a quienes me mandáis ánimos y mostráis preocupación ante la situación que está viviendo el país. Deciros una vez más que me encuentro perfectamente y que no hay mejor experiencia que salir de la zona de confort para aprender constantemente.

Curso de formación a cargo de la Comisión Europea

Esta última semana he asistido a un curso intensivo para workcamp leaders  organizado por la Unión Europea. La UE prepara constantemente sesiones para completar la educación de todas aquellas personas que se involucran en proyectos internacionales de la mano de profesionales de prestigio.

Del 2 al 10 de mayo estamos reunidos en un modesto complejo hotelero en Pustomyty, una zona rural junto a un lago y retirado del bullicio de la ciudad, a unos 10km de Lviv (zona este de Ucrania). Somos un grupo diverso de unas 25 personas procedentes de diferentes organizaciones con proyectos de voluntariado. 5 son de Ucrania, 2 de Georgia, 1 Armenia, 1 inglesa residente en Rumanía, 3 de Bélgica, 1 Austria, 1 Suecia, 1 Holanda, 4 Italia, 1 Grecia, 2 Croacia y 1 España, que ya sabéis evidentemente de quién se trata.

El curso ha estado dirigido y coordinado por Julia Myasisheva (Directora de SVIT Ucrania) y Mauro Carta , formador y experto de SCI (Servicio Civil Internacional).

Básicamente consiste en una semana de convivencia bajo una agenda intensa de actividades, sesiones de formación, teoría y dinámicas de grupo. El objetivo principal es formar a todos los participantes de cara a sus próximas participaciones como group leaders en proyectos internacionales donde tendrán que afrontar conflictos con personas de diferentes culturas, lidiar con los problemas, establecer contacto con la gente local donde se desarrolle el proyecto y atender las circunstancias de sus respectivos grupos. Durante estos días de curso se combinan las sesiones prácticas con las teóricas para poder orientar adecuadamente a todos los participantes, aunque muchos de ellos ya tiene experiencia previa.

Las primeras sesiones teóricas se centraban en la estructura de las organizaciones  como el SCI (Servicio Civil Internacional) y la Comisión Europea, así como de sus funciones e historia. Se han abordado cuestiones como las diferentes formas de liderar un grupo (democracia, autocracia, laissez-faire), los derechos y deberes de un group leader, motivación del grupo, formas de comunicación intercultural, etc.

La parte práctica ha consistido en todo tipo de actividades tanto de manera individual como en grupo, para desarrollar la capacidad de liderazgo de cada uno así como fortalecer nuestras herramientas para resolver posibles situaciones de conflicto.

El programa a su vez ha tenido cada día una actividad de ocio donde los participantes tenían la posibilidad de conocerse más a fondo y relacionarse entre ellos siempre con un trasfondo relevante. Tuvimos una velada cultural internacional donde cada país hizo una presentación, mostró sus productos típicos e incluso bailes tradicionales. Probamos desde varios tipos de vodka ucranianos, galletas belgas, mermelada rumana, dulces griegos, golosinas suecas, pan austriaco… un despliegue de banderas, música tradicional, y sobre todo bebidas típicas de cada país como cerveza, vodka, licores, palinka o vino.

Dentro de la parte de ocio tuvimos una salida a Lviv donde disfrutamos primero de un recorrido por el centro turístico de la ciudad, tiempo libre y una cena en un restaurante típico muy peculiar.

Hemos disfrutado de una semana de formación en un ambiente estupendo donde los participantes hemos compartido nuestras experiencias anteriores para asumirlas en grupo como parte del aprendizaje. Se han trabajado situaciones de conflicto por diversidad cultural, género, orientación sexual, religión, personalidades opuestas, repartición de roles, responsabilidad o contextos críticos.  Los proyectos o campos de trabajo donde los participantes asumirán el papel de group leader serán de temática variada como naturaleza y medio ambiente, discapacidad, infancia, adolescencia y juventud, proyectos de reconstrucción y rehabilitación, repoblación, educación… o como es en mi caso, Arte y Cultura.

2014-05-09 17.43.14

El desarrollo del curso depende también en parte de la capacidad de sus directores en liderar la formación y establecer el calendario de actividades. En este caso el resultado es muy positivo y satisfactorio. La evaluación general ha sido muy efectiva con opiniones muy favorables.

Este tipo de inversiones europeas permite formar conscientemente a las personas que van a ser una pieza clave en el desarrollo de un proyecto o actividad, facilitándoles así todo tipo de herramientas para desarrollar su trabajo.

A nivel personal me llevo muchos recuerdos entrañables de estos días, personas maravillosas, apuntes sobre temas muy interesantes, una compañera de habitación inolvidable, algo de dolor de estómago por la comida y un montón de fotos que compartir. Sin duda es una experiencia muy positiva que ayuda a despejar dudas y afrontar cuestiones de interés.

 

 

18 horas en tren

Una de las experiencias más aconsejables para conocer Ucrania es hacer un viaje en tren dentro del país. La red de ferrocarriles ucraniana es bastante amplia y quizás sea la manera más recomendable para viajar evitando así las carreteras llenas de baches o los aeropuertos. Para los viajeros asiduos a los trenes, una de las prácticas más habituales es coger el tren nocturno con la finalidad de economizar mejor el tiempo en los trayectos más largos.

Mi primer viaje en tren en Ucrania comienza en la estación de Kharkiv en el vagón 19, segunda clase, litera 14. Un trayecto de más de 1000km cruzando todo el país desde el Este (en la frontera con Rusia) hasta la zona Oeste (en la frontera con Polonia). El recorrido dura 18 horas sin ninguna parada donde los viajeros puedan salir del tren por lo que se permanece todo el trayecto dentro del vagón bien sea en la cama asignada o en el pasillo de pie. Los vagones están divididos en compartimentos para cuatro personas: dos camas en la parte inferior y dos en la superior. Los vagones tienen un servicio en cada extremo, una zona para los vigilantes y un samovar, que es como un tipo de termo grande muy típico de los países del este de Europa para calentar el agua del té.

mapaviajeentren

He de reconocer que me ha sorprendido positivamente el estado del compartimento así como del mobiliario ya que esperaba algo mucho más deteriorado aunque imagino que dependerá también del tren en el que viajes.

 

La estación de Kharkiv es bastante amplia con una decoración muy recargada, pintura color pastel y una pantalla gigante donde anuncian los trenes. Hay que estar muy atento y familiarizarse bien con algunas palabras para poder diferenciar las salidas de las llegadas y localizar bien la vía correspondiente. Bajo el hall principal hay toda una estructura de pasadizos subterráneos -muy similares a los pasillos del metro de la ciudad- para acceder a los andenes. Los revisores esperan en la puerta de cada vagón donde comprueban el billete y nos piden el pasaporte. El interior se reduce a un largo pasillo y los compartimentos con las camas. El primer paso es colocar el equipaje: en caso de tener la cama inferior el asiento se levanta para meter ahí las maletas pero en caso de la cama superior hay que subir la maleta arriba a una zona reservada para ello.

 

Sobre la cama hay una bolsa cerrada que contiene dos sábanas, una funda para la almohada y una pequeña toalla. Sobre el asiento hay también un colchón y una almohada. Pero antes de todo lo primero que hay que hacer es quitarse los zapatos, hay alfombra en todas partes del vagón menos en el servicio. El siguiente paso, evitando no molestar demasiado al resto de pasajeros, es preparar la cama lo antes posible para poder saltar y subir a la litera. El espacio es algo reducido y en principio puede parecer incluso agobiante aunque a medida que pasan las horas comienzas a acostumbrarte.

Una vez que el tren sale de la estación y los pasajeros están acomodados en sus respectivas camas, el vigilante recoge el billete de cada pasajero y lo guardará durante todo el viaje pero hay que recogerlo cuando llegas al destino antes de apearse del tren.

Este tipo de viajes son una ocasión estupenda para practicar el idioma, retomar una buena lectura, escribir o simplemente descansar las horas suficientes. Aunque los ucranianos pueden parecer algo distantes en su vida cotidiana, durante estos viajes se muestran mucho más amables y es fácil entablar conversación con ellos, pequeñas charlas para conocer a los compañeros de cama y compartir algunos alimentos ya que la mayoría de las personas llevan su propia comida.

 

Las últimas horas del viaje suelen ser el mejor momento para disfrutar un poco del paisaje y recoger la cama, ya que hay que dejar el asiento tal y como lo encontramos entregando las sábanas antes de llegar al destino.

 

2014-05-03 13.33.04Y efectivamente, tras las 18 horas dentro del tren llegamos a Lviv dispuestos a continuar la aventura. El siguiente paso es situarnos en la ciudad, encontrar el alojamiento que tenemos reservado y hacer algunas tareas pendientes. El próximo post será sobre mis primeras impresiones de la ciudad y el inicio del curso que justifica el desplazamiento.2014-05-03 13.34.38-1