+2 semanas

Ya he traspasado la barrera de las dos semanas y no hay día que no encuentre algo nuevo con lo que sorprenderme. Esta semana ha sido muy corta pero intensa ya que los tres días laborales fueron muy acelerados. Estuve de nuevo en el Museo de Literatura preparando la Noche de los Museos, me pasé también por la galería de Arte, tuve mi tercera clase de ruso, comida en la organización y un par de reuniones. Tenía que dejar cerrados varios asuntos ya que mañana salgo de viaje y estaré fuera más de una semana. Mayo comienza con 11 billetes impresos sobre la mesa: tren y avión. Aún falta sumar algunos de autobús creo, pero esos sólo podemos comprarlos en destino. Este mes lo voy a pasar de estación en estación y de aeropuerto en aeropuerto, pero en todas partes hay algo desconocido esperando.

En realidad no hace falta que me vaya más lejos aún para encontrarme con cosas extrañas porque el simple hecho de salir de casa para ir al supermercado ya supone todo un reto.

Hoy he salido de casa y los ascensores no funcionaban, algo que en un edificio de 16 plantas es bastante necesario. Desde que llegué siempre me había preguntado qué pasaría en caso de avería ya que no he había sido capaz de encontrar las escaleras y hoy por fin he podido averiguarlo. La puerta del pasillo que tiene un candado enorme es la que da acceso a las escaleras y hoy por  primera vez estaba abierto. Sinceramente espero que no vuelva a ocurrir y que esas escaleras sigan cerradas siempre porque hay motivos más que suficientes como para evitar el acceso del público. Si resulta que los ascensores podrían ser el escenario ideal para cualquier película de terror de los 90 de las escaleras preferiría casi no hablar, de hecho he bajado tan rápido que no me he querido entretener ni a hacer una foto.

El portero parece que había estado ordenando el panel de anuncios de la salida y creo intuir que la barandilla de la salida tiene menos mierda de la habitual. Puede que incluso sea para resaltar los colores, ya que hoy día uno de mayo todos están más reivindicativos de lo normal. Tras la lluvia y el frío de ayer hoy había que andar con mucho cuidado. Aquí hablar de “charcos” es casi una metáfora porque no me sorprendería ver ser acuáticos habitando esas masas de agua de las calles. Así que es normal que destrocen tan pronto los coches y que los ricachones lleven todos 4×4.

De camino al supermercado me encuentro la misma estampa de todos los días: las бабушки sentadas en los bancos a la entrada de cada bloque. Al parecer comienzan a salir en cuanto se va la nieve y el invierno, y no se mueven de ahí hasta que vuelve o hasta que tienen que subir a casa a hacer la sopa. Las abuelas ucranianas se pasan el día sentadas en la puerta de casa hablando.

Tras sortear a las бабушки y a los charcos llego al súper más cercano. He de reconocer que me ha costado un poquito aprender a leer el dichoso cartel para saber el nombre aunque ahora creo que la cajera lo dice en una de las preguntas que me suelta en cuanto que llego con la compra.

2014-05-01 14.21.43

супермаркет “Сільпо” forma parte del grupo Fozzy y es la cadena de supermercados más grande de todo el país. La mayoría abren las 24h, zonas de autoservicio y precios bajos. Han sido el paso definitivo para acercar a los ucranianos a las grandes superficies, ya que siempre solían acudir a pequeñas tiendas y mercados. Creo que si algo les caracteriza es que puedes encontrar los productos básicos a granel por lo que conviene calcular un poco el volumen y peso de lo que se compra. La harina, la pasta, legumbres, arroz, cereales, galletas, caramelos… todo un desafío de vocabulario que buscar luego en la balanza, por lo que no me queda más remedio que ir al súper con el diccionario y la lista de la compra traducida. Aunque en algunas ocasiones yo llevo la palabra buscada en ruso y luego sólo la ponen en ucraniano y viceversa. Sin hablar de tipografías o escrituras, porque con tanto derroche creativo en ocasiones no hay quien reconozca las letras en las etiquetas (como sucede con el logo del propio supermercado) o quien entienda qué pone en los carteles de la frutería.

La pescadería tiene una amplia variedad de productos que pueden llegar a sorprendernos principalmente porque aquí se consumen de manera muy diferente. La charcutería está dominada por todo tipo de salchichas mientras que el centeno es el anfitrión en la panadería. Por supuesto el vodka domina los pasillos de la bebidas y los congelados también tienen pescados al peso. La parte más complicada es comprar productos que no se identifican tan fácilmente como la lejía o el acondicionador del pelo. Ni el diccionario ni las 3 aplicaciones del móvil me han sabido decir con qué me voy a lavar ahora el pelo.

Espero ir progresando con el idioma poco a poco y poder desenvolverme mejor, que no quiero que se piensen que soy igual de rancia que ellos.

Mañana comienza mi siguiente aventura: un viaje en tren para cruzar el país de punta a punta y asistir a un curso de formación. Iré de Kharkiv a Lviv, más de mil kilómetros y 16 horas de trayecto en la litera superior del compartimento del vagón 19. Contenido ineludible para el siguiente post. ¡Gracias!

Ruso e inglés, día de idiomas.

Hoy martes 22 de abril de 2014 he tenido mi primera clase de ruso con profesora particular dentro del programa en el que trabajo como EVS. Dejar constancia de que he comenzado desde bajo cero.

Para quien no lo sepa, muchos de los proyectos de EVS (European Voluntary Service) o SVE (Servicio de Voluntariado Europeo) incluyen clases de idiomas para poder desarrollar adecuadamente el trabajo asignado para el cual los candidatos hemos sido elegidos tras pasar el proceso de selección o aceptación de las propuestas.

En mi caso aceptaron mi candidatura para coordinar y trabajar en el marco de eventos culturales y festivales de arte, por lo que muchas de las personas encargadas de las diferentes organizaciones hablan inglés pero evidentemente para poder tener una inmersión en el terreno se incluyen las clases particulares de lengua rusa.

En la ciudad de Kharkiv, situada Este de Ucrania cerca de la frontera con el país vecino, se habla tanto ruso como ucraniano y aunque hay una diferencia notable en las terminaciones de las palabras, el ruso tiene una presencia notable en la comunicación local.

Lena, mi profesora, ha estado durante más de dos horas insistiendo en la pronunciación de cada palabra. Hemos comenzado con las cosas más sencillas como saludar, contar hasta cinco, direcciones y el alfabeto. Sinceramente ha sido una clase cargada de información que espero procesar correctamente esta noche con la almohada. Mucho me temo que ambas nos tendremos que esforzar mucho para conseguir buenos resultados y aprender a leer lo antes posible para que mi estómago no tenga que volver a resentirse si compro en el supermercado el producto incorrecto.

Continuando un poco con el balance de la jornada, en la oficina de la organización donde trabajo (SVIT Ukraine) estamos preparando un evento para el próximo sábado por el aniversario del Accidente de Chernóbil sucedido el 26 de abril de 1986. Chernobyl es una ciudad en el norte de Ucrania, en el Oblast (sistema de división de regiones/comunidades ucraniano) de Kiev. Yo me voy a ocupar de unos talleres de estampación y serigrafía que espero que podamos desarrollar con éxito.

Los horarios de las comidas no se respetan del mismo modo del que algunos puedan estar acostumbrados en España, por si hubiera que poner una referencia, así que la jornada se extiende sin contemplar rigurosamente estas pausas.

Por la tarde estuve en un club de lectura de inglés al que me unido gracias a João, un voluntario portugués de misma organización que me está introduciendo en la vida social local. Más que seguir un calendario o agenda de lectura procuran mantener conversaciones activas en inglés eligiendo temas de actualidad propuestos cada vez por uno de sus miembros. Nos reunimos en una librería del centro donde casualmente entré el primer día que recorrí la ciudad para comprar un mapa. El grupo es muy variado y en la sesión de esta tarde nos hemos juntado más de veinte personas, en su mayoría ucranianas, pero también con gente de Irak, Turkmenistán, India y Canadá.

Al llegar a casa he conseguido por fin charlar un rato con mi compañera de piso Barbara, de nacionalidad polaca, que es también voluntaria en mi misma organización. Desde que llegué sólo habíamos coincidido un día y no habíamos tenido mucha oportunidad de intercambiar opiniones. Los programas de EVS incluyen el alojamiento de los voluntarios y según el proyecto puede ser en residencias, pisos compartidos o familias. En mi caso ya habéis visto la suerte que he tenido con las cortinas de la habitación y la espantosa alfombra que ocupa la pared principal. Sinceramente espero que el monstruoso cabecero de la cama pueda salvarme en el caso de que semejante mamotreto se desprenda.

Pensé en bautizarla como “La habitación de los horrores” pero después de un par de limpiezas –concienzudamente simulando a mi madre bayeta en mano- y extender las cuatro cosas que he traído, he decidido familiarizarme con ella lo máximo posible y entrar de lleno en el ambiente ucraniano.

Así que con vuestro permiso y pasando las dos de la mañana en mi reloj de aquí, me retiro a mi extravagante cuarto a ver si descanso la cabeza del combinado lingüístico del día.

 

Buenas noches.

Споко́йной но́чи.

spa-kój-naj nó-chi