La anécdota de la vaca.

A los poquitos días de aterrizar de nuevo en Kharkiv, Este de Ucrania mi agenda tenía marcado otro viaje para el siguiente curso de formación de la Comisión Europea, pero me voy a centrar en una anécdota graciosa para que veáis mis torpezas intentando aprender la lengua rusa.

Resulta que íbamos camino del hotel en un taxi, en una zona muy rural, mi compañera de trabajo y yo, cargadas con todo el material que la organización necesitaba para el curso al que asistíamos como participantes pero también como equipo técnico.

Partimos de la famosa ciudad de Lviv, al Oeste de Ucrania, en dirección a Pustomiti, a un pueblecito muy pequeño donde hay un resort hotelero de retiro, naturaleza, junto a unos lagos y un paisaje precioso.

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Un taxista muy peculiar, con rasgos muy característicos y un par de dientes de oro. Un taxi bastante descuidado, la bandera de Ucrania en el salpicadero y un icono ortodoxo presidiendo la escena bajo el retrovisor central. Aquí una servidora iba de copiloto, mi compañera Bárbara en el asiento trasero junto con nuestro equipaje y el maletero cargado al completo de material.

Un trayecto de unos 20km lleno de baches, botes, haciendo zig-zag con el taxi y recorriendo el doble de pista con tal de no dejarse los bajos en ningún socabón. 

Bárbara y yo hablando en inglés a voces para escucharnos desde el asiento delantero al trasero, las ventanillas abiertas, la radio de fondo, mientras el señor taxista me preguntaba todo tipo de cosas en ruso para amenizar el trayecto. Después de varias frases me solté, y aproveché para decirle que en España tenemos a Fernando Alonso y solemos pisar el acelerador un poquito más para pagar menos en el taxi. Captó la indirecta, pero nuestros traseros experimentaron los baches también.

Yo, toda orgullosa de haberme entendido en ruso con el señor, seguía prácticando vocabulario y frases de cortesía, mientras él se reía libremente de mis esfuerzos intentando descifrar mis composiciones lingüísticas. Mi valentía y esparpajo avanzaban más rápido que el velocímetro del taxi.

Nos adentramos en la pequeña población donde está situado el resort hotelero. De nuevo, oso a animar al taxista a aligerar el ritmo, giramos una calle a la derecha y nos topamos de frente con una señora tirando de una vaca enorme. 

Y aquí viene la escena, (con transcripción fonética)

María: “savaca”! “savaca”! STOP! “savaca”!

Taxista: niet! niet! niet sobaka!

María: “savaca”! “savaca”! STOP! STOP!

Baja la velocidad. Parados en el centro de la carretera. Bárbara desde el asiento trasero riéndose sin parar. El taxista a carcajadas enseñándome sus dientes de oro casi con flato de la risa. Mi cara todo un poema ante tal situación. La señora con la vaca se retiran. Siguen las risas dentro del taxi. Y yo sigo agarrada al salpicadero mirando al animal, sin enterarme de nada.

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Para aclarar el chiste: en ruso “собака” (sobaka) significa “perro”, mientras que “vaca” se dice “корова” (korova). Después de ese día nunca más confundiré esas dos palabras.

Curso de formación a cargo de la Comisión Europea

Esta última semana he asistido a un curso intensivo para workcamp leaders  organizado por la Unión Europea. La UE prepara constantemente sesiones para completar la educación de todas aquellas personas que se involucran en proyectos internacionales de la mano de profesionales de prestigio.

Del 2 al 10 de mayo estamos reunidos en un modesto complejo hotelero en Pustomyty, una zona rural junto a un lago y retirado del bullicio de la ciudad, a unos 10km de Lviv (zona este de Ucrania). Somos un grupo diverso de unas 25 personas procedentes de diferentes organizaciones con proyectos de voluntariado. 5 son de Ucrania, 2 de Georgia, 1 Armenia, 1 inglesa residente en Rumanía, 3 de Bélgica, 1 Austria, 1 Suecia, 1 Holanda, 4 Italia, 1 Grecia, 2 Croacia y 1 España, que ya sabéis evidentemente de quién se trata.

El curso ha estado dirigido y coordinado por Julia Myasisheva (Directora de SVIT Ucrania) y Mauro Carta , formador y experto de SCI (Servicio Civil Internacional).

Básicamente consiste en una semana de convivencia bajo una agenda intensa de actividades, sesiones de formación, teoría y dinámicas de grupo. El objetivo principal es formar a todos los participantes de cara a sus próximas participaciones como group leaders en proyectos internacionales donde tendrán que afrontar conflictos con personas de diferentes culturas, lidiar con los problemas, establecer contacto con la gente local donde se desarrolle el proyecto y atender las circunstancias de sus respectivos grupos. Durante estos días de curso se combinan las sesiones prácticas con las teóricas para poder orientar adecuadamente a todos los participantes, aunque muchos de ellos ya tiene experiencia previa.

Las primeras sesiones teóricas se centraban en la estructura de las organizaciones  como el SCI (Servicio Civil Internacional) y la Comisión Europea, así como de sus funciones e historia. Se han abordado cuestiones como las diferentes formas de liderar un grupo (democracia, autocracia, laissez-faire), los derechos y deberes de un group leader, motivación del grupo, formas de comunicación intercultural, etc.

La parte práctica ha consistido en todo tipo de actividades tanto de manera individual como en grupo, para desarrollar la capacidad de liderazgo de cada uno así como fortalecer nuestras herramientas para resolver posibles situaciones de conflicto.

El programa a su vez ha tenido cada día una actividad de ocio donde los participantes tenían la posibilidad de conocerse más a fondo y relacionarse entre ellos siempre con un trasfondo relevante. Tuvimos una velada cultural internacional donde cada país hizo una presentación, mostró sus productos típicos e incluso bailes tradicionales. Probamos desde varios tipos de vodka ucranianos, galletas belgas, mermelada rumana, dulces griegos, golosinas suecas, pan austriaco… un despliegue de banderas, música tradicional, y sobre todo bebidas típicas de cada país como cerveza, vodka, licores, palinka o vino.

Dentro de la parte de ocio tuvimos una salida a Lviv donde disfrutamos primero de un recorrido por el centro turístico de la ciudad, tiempo libre y una cena en un restaurante típico muy peculiar.

Hemos disfrutado de una semana de formación en un ambiente estupendo donde los participantes hemos compartido nuestras experiencias anteriores para asumirlas en grupo como parte del aprendizaje. Se han trabajado situaciones de conflicto por diversidad cultural, género, orientación sexual, religión, personalidades opuestas, repartición de roles, responsabilidad o contextos críticos.  Los proyectos o campos de trabajo donde los participantes asumirán el papel de group leader serán de temática variada como naturaleza y medio ambiente, discapacidad, infancia, adolescencia y juventud, proyectos de reconstrucción y rehabilitación, repoblación, educación… o como es en mi caso, Arte y Cultura.

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El desarrollo del curso depende también en parte de la capacidad de sus directores en liderar la formación y establecer el calendario de actividades. En este caso el resultado es muy positivo y satisfactorio. La evaluación general ha sido muy efectiva con opiniones muy favorables.

Este tipo de inversiones europeas permite formar conscientemente a las personas que van a ser una pieza clave en el desarrollo de un proyecto o actividad, facilitándoles así todo tipo de herramientas para desarrollar su trabajo.

A nivel personal me llevo muchos recuerdos entrañables de estos días, personas maravillosas, apuntes sobre temas muy interesantes, una compañera de habitación inolvidable, algo de dolor de estómago por la comida y un montón de fotos que compartir. Sin duda es una experiencia muy positiva que ayuda a despejar dudas y afrontar cuestiones de interés.

 

 

18 horas en tren

Una de las experiencias más aconsejables para conocer Ucrania es hacer un viaje en tren dentro del país. La red de ferrocarriles ucraniana es bastante amplia y quizás sea la manera más recomendable para viajar evitando así las carreteras llenas de baches o los aeropuertos. Para los viajeros asiduos a los trenes, una de las prácticas más habituales es coger el tren nocturno con la finalidad de economizar mejor el tiempo en los trayectos más largos.

Mi primer viaje en tren en Ucrania comienza en la estación de Kharkiv en el vagón 19, segunda clase, litera 14. Un trayecto de más de 1000km cruzando todo el país desde el Este (en la frontera con Rusia) hasta la zona Oeste (en la frontera con Polonia). El recorrido dura 18 horas sin ninguna parada donde los viajeros puedan salir del tren por lo que se permanece todo el trayecto dentro del vagón bien sea en la cama asignada o en el pasillo de pie. Los vagones están divididos en compartimentos para cuatro personas: dos camas en la parte inferior y dos en la superior. Los vagones tienen un servicio en cada extremo, una zona para los vigilantes y un samovar, que es como un tipo de termo grande muy típico de los países del este de Europa para calentar el agua del té.

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He de reconocer que me ha sorprendido positivamente el estado del compartimento así como del mobiliario ya que esperaba algo mucho más deteriorado aunque imagino que dependerá también del tren en el que viajes.

 

La estación de Kharkiv es bastante amplia con una decoración muy recargada, pintura color pastel y una pantalla gigante donde anuncian los trenes. Hay que estar muy atento y familiarizarse bien con algunas palabras para poder diferenciar las salidas de las llegadas y localizar bien la vía correspondiente. Bajo el hall principal hay toda una estructura de pasadizos subterráneos -muy similares a los pasillos del metro de la ciudad- para acceder a los andenes. Los revisores esperan en la puerta de cada vagón donde comprueban el billete y nos piden el pasaporte. El interior se reduce a un largo pasillo y los compartimentos con las camas. El primer paso es colocar el equipaje: en caso de tener la cama inferior el asiento se levanta para meter ahí las maletas pero en caso de la cama superior hay que subir la maleta arriba a una zona reservada para ello.

 

Sobre la cama hay una bolsa cerrada que contiene dos sábanas, una funda para la almohada y una pequeña toalla. Sobre el asiento hay también un colchón y una almohada. Pero antes de todo lo primero que hay que hacer es quitarse los zapatos, hay alfombra en todas partes del vagón menos en el servicio. El siguiente paso, evitando no molestar demasiado al resto de pasajeros, es preparar la cama lo antes posible para poder saltar y subir a la litera. El espacio es algo reducido y en principio puede parecer incluso agobiante aunque a medida que pasan las horas comienzas a acostumbrarte.

Una vez que el tren sale de la estación y los pasajeros están acomodados en sus respectivas camas, el vigilante recoge el billete de cada pasajero y lo guardará durante todo el viaje pero hay que recogerlo cuando llegas al destino antes de apearse del tren.

Este tipo de viajes son una ocasión estupenda para practicar el idioma, retomar una buena lectura, escribir o simplemente descansar las horas suficientes. Aunque los ucranianos pueden parecer algo distantes en su vida cotidiana, durante estos viajes se muestran mucho más amables y es fácil entablar conversación con ellos, pequeñas charlas para conocer a los compañeros de cama y compartir algunos alimentos ya que la mayoría de las personas llevan su propia comida.

 

Las últimas horas del viaje suelen ser el mejor momento para disfrutar un poco del paisaje y recoger la cama, ya que hay que dejar el asiento tal y como lo encontramos entregando las sábanas antes de llegar al destino.

 

2014-05-03 13.33.04Y efectivamente, tras las 18 horas dentro del tren llegamos a Lviv dispuestos a continuar la aventura. El siguiente paso es situarnos en la ciudad, encontrar el alojamiento que tenemos reservado y hacer algunas tareas pendientes. El próximo post será sobre mis primeras impresiones de la ciudad y el inicio del curso que justifica el desplazamiento.2014-05-03 13.34.38-1