Un día cualquiera, o el día de Navidad kharkovita.

Por fin este año he conseguido vivir una Navidad como hacía tiempo que deseaba: tranquila, sencilla, sin excesos.

Parece que he tenido que viajar más de 3000 km para poder huir de tantas celebraciones, de tanta exageración y abundancia innecesaria en las que no creo.

Mi cena de Nochebuena fue la mejor de todas: una sopa caliente, una copa de vino y una chocolatina como postre especial. Música tranquila de fondo, unas velas encendidas, un baño caliente. Acostarme pronto no sin antes hablar con mi familia por Skype y Facetime, para compartir el momento en cierto modo. Mensajes de todo el mundo, whatsapps, vídeos musicales que soy incapaz de reproducir, emoticonos, paridas… ayer sólo me falto que los langostinos que teníais en la mesa se hicieran un selfie y me lo enviaran también. Pero reconozco que me sentí súper arropada y querida por todos los que os acordasteis y me mandasteis vuestros mejores deseos.

Hoy, 25 de Diciembre de 2014, era un día más en Kharkov puesto que aquí los días más representativos de las Navidades son el 31-1  y 6-7 Enero, ya que la Iglesia ortodoxa sigue otro calendario. Así que tras la cena de ayer hoy continué con mi rutina, con los cortes de luz, con mis clases, mi trabajo y aprovechando que el día -por fin- me ha regalado unos rayos de luz. Acompañada de mi cámara ahora quisiera compartirlo con vosotros.

Se puede vivir mejor con menos, mucho mejor. Se puede ser feliz con una cena tan sencilla como una sopa caliente, el calor de tu gente desde tan lejos y la sensación de paz interior al no verme rodeada en unos ambientes excesivos que tanto me han agobiado siempre.

Ha sido mi elección, nadie me ha obligado a estar aquí. Todas las opciones son válidas y respetables, incluso las más opuestas. Pero con ayuda del diccionario quisiera matizaros la definición de mi preferencia:

voluntario, ria.

(Del lat. voluntarĭus).

1. adj. Dicho de un acto: Que nace de la voluntad, y no por fuerza o necesidad extrañas a aquella.

2. adj. Que se hace por espontánea voluntad y no por obligación o deber.

3. adj. Que obra por capricho.

4. m. y f. Persona que, entre varias obligadas por turno o designación a ejecutar algún trabajo o servicio, se presta a hacerlo por propia voluntad, sin esperar a que le toque su vez.

Así que este ha sido un día fabuloso para mí. Tranquilo. Sencillo. Llano. Humilde. Pero con el estómago revuelto al tener en cierto modo presentes vuestras navidades y al mismo momento estar rodeada por unas circunstancias tan antagónicas.

Soy feliz, no voy a negarlo. Tampoco voy a desmentir cuánto se echa de menos el calor de unos padres, los abrazos de todos mis abuelos, los besos de mi pareja, la sonrisas de los familiares, los brindis con los amigos… pero todos ellos tienen también que ser felices  sabiendo que -aún en la distancia y en este contexto- yo estoy disfrutando.

Feliz Navidad a todos allá donde estéis.

Good Bye Lenin

La ciudad sigue perpleja. Lenin se ha caído. Se ha roto. Su nariz pasó de ser uno de los puntos más honoríficos de la urbe a un codiciado trozo de metal dentro de una mochila.

El domingo el alcalde de Kharkiv firmó la petición consintiendo la retirada de la monumental estatua de Lenin. Posteriormente los comentarios en Facebook del Ministro del Interior sugiriendo que dejasen caer a Lenin alimentaron más aún el debate. El ministro sugería en las redes sociales que la policía se centrase en “la seguridad de la gente y no en la del ídolo”. Durante los últimos meses Lenin estaba 24 horas al día custodiado por la policía. No había un sólo minuto en el que el Vladímir pudiera sentirse solo. Los oficiales no dejaban ni pisar la zona de césped más cercana, ni mucho menos subirse a los escalones para despedirse del verano.

El mismo domingo hubo una marcha por la paz que recorría el centro. “Kharkiv es Ucrania”, “por la paz en Kharkiv”, “gloria a Ucrania”, son los lemas más extendidos tanto en letreros, banderas, pintadas o pancartas. Los nacionalistas más extremos no quedaron satisfechos con un simple paseo pacífico, sino que decidieron sacar las herramientas a la calle y con una Dremel cortar los tobillos de Lenin.

La plaza de la libertad de Kharkiv tiene una señal de streaming de video en directo. Esa noche tuvo su momento más álgido. Todo el mundo estaba online viendo cómo se templaba el ambiente en el centro. La mañana del lunes los principales medios internacionales (BBC, RAI, IBT, Forbes, VOA, Le Parisien…) destacaban la noticia con las imágenes más impactantes. Pero a medida que avanzaba el día, la plaza se llenaba de incrédulos. Todos fuimos a comprobar, cámara en mano, que realmente Lenin se había ido. Una mezcla sociológica intergeneracional se encontraba ante el pedestal vacío. Abuelas soviéticas, jóvenes ucranianos, estudiantes extranjeros, trabajadores internacionales. Todos querían un selfie con el fantasma.

Me sorprendió ver escenas con familias enteras examinando el cambio. Matrimonios empujando el cochecito de su bebé mientras juzgaban los restos. Un abuelo apoyado en su bastón, con su fotómetro, su analógica, intentando guardar el equilibrio para conservar la que será posiblemente su última instantánea más histórica.

Es difícil imaginar la sensación que podrían sentir todas esas personas al ver derribado uno de los símbolos más controvertidos de su ciudad. Muchos habían pasado jornadas anteriores llevando flores y concentrándose bajo el grito comunista a los pies de quien fuera un ídolo para el pueblo soviético. Otros llevaban años ansiando esta despedida. El debate estaba latente. Meses atrás la excusa oficial para no mover la estatua contemplaba casi detalladamente la estructura arquitectónica y posible peligro de accidente en el techo del subterráneo del metro que pasa bajo la plaza. Tras la firma del alcalde se contempló la posibilidad de reunir todos los símbolos soviéticos restantes -liderados por la misma estatua- en un museo histórico. Pero Lenin no ha podido aguantar más tiempo erguido. Lenin, representado siempre guiando al pueblo, ha caído.

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No sabemos cuáles serán las posibles consecuencias de este acto de vandalismo descontrolado, pero está claro que la policía podría haberlo detenido y sin embargo quedó al margen. Hay demasiados intereses ocultos que nunca serán revelados. Se habla de una pérdida de veracidad en la alcaldía, especialmente desde que dispararon a su representante, suceso que muchos plantean como un montaje estratégico político al igual que esta reacción de “laissez-faire” del cuerpo oficial. Pero bien es cierto que siendo una de las plazas más grandes del mundo seguía presidida por la que también era un de las esculturas más grandes del líder. Durante este año vimos la retirada de representaciones similares en otras ciudades ucranianas y Kharkiv, la segunda ciudad del país, seguía cobijando el monumento.

Está claro que esta experiencia no deja de alimentar mi memoria de sucesos asombrosos, pero quién me iba a decir que iba a ser testigo de acontecimientos de tal magnitud. Good Bye Lenin.

18 horas en tren

Una de las experiencias más aconsejables para conocer Ucrania es hacer un viaje en tren dentro del país. La red de ferrocarriles ucraniana es bastante amplia y quizás sea la manera más recomendable para viajar evitando así las carreteras llenas de baches o los aeropuertos. Para los viajeros asiduos a los trenes, una de las prácticas más habituales es coger el tren nocturno con la finalidad de economizar mejor el tiempo en los trayectos más largos.

Mi primer viaje en tren en Ucrania comienza en la estación de Kharkiv en el vagón 19, segunda clase, litera 14. Un trayecto de más de 1000km cruzando todo el país desde el Este (en la frontera con Rusia) hasta la zona Oeste (en la frontera con Polonia). El recorrido dura 18 horas sin ninguna parada donde los viajeros puedan salir del tren por lo que se permanece todo el trayecto dentro del vagón bien sea en la cama asignada o en el pasillo de pie. Los vagones están divididos en compartimentos para cuatro personas: dos camas en la parte inferior y dos en la superior. Los vagones tienen un servicio en cada extremo, una zona para los vigilantes y un samovar, que es como un tipo de termo grande muy típico de los países del este de Europa para calentar el agua del té.

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He de reconocer que me ha sorprendido positivamente el estado del compartimento así como del mobiliario ya que esperaba algo mucho más deteriorado aunque imagino que dependerá también del tren en el que viajes.

 

La estación de Kharkiv es bastante amplia con una decoración muy recargada, pintura color pastel y una pantalla gigante donde anuncian los trenes. Hay que estar muy atento y familiarizarse bien con algunas palabras para poder diferenciar las salidas de las llegadas y localizar bien la vía correspondiente. Bajo el hall principal hay toda una estructura de pasadizos subterráneos -muy similares a los pasillos del metro de la ciudad- para acceder a los andenes. Los revisores esperan en la puerta de cada vagón donde comprueban el billete y nos piden el pasaporte. El interior se reduce a un largo pasillo y los compartimentos con las camas. El primer paso es colocar el equipaje: en caso de tener la cama inferior el asiento se levanta para meter ahí las maletas pero en caso de la cama superior hay que subir la maleta arriba a una zona reservada para ello.

 

Sobre la cama hay una bolsa cerrada que contiene dos sábanas, una funda para la almohada y una pequeña toalla. Sobre el asiento hay también un colchón y una almohada. Pero antes de todo lo primero que hay que hacer es quitarse los zapatos, hay alfombra en todas partes del vagón menos en el servicio. El siguiente paso, evitando no molestar demasiado al resto de pasajeros, es preparar la cama lo antes posible para poder saltar y subir a la litera. El espacio es algo reducido y en principio puede parecer incluso agobiante aunque a medida que pasan las horas comienzas a acostumbrarte.

Una vez que el tren sale de la estación y los pasajeros están acomodados en sus respectivas camas, el vigilante recoge el billete de cada pasajero y lo guardará durante todo el viaje pero hay que recogerlo cuando llegas al destino antes de apearse del tren.

Este tipo de viajes son una ocasión estupenda para practicar el idioma, retomar una buena lectura, escribir o simplemente descansar las horas suficientes. Aunque los ucranianos pueden parecer algo distantes en su vida cotidiana, durante estos viajes se muestran mucho más amables y es fácil entablar conversación con ellos, pequeñas charlas para conocer a los compañeros de cama y compartir algunos alimentos ya que la mayoría de las personas llevan su propia comida.

 

Las últimas horas del viaje suelen ser el mejor momento para disfrutar un poco del paisaje y recoger la cama, ya que hay que dejar el asiento tal y como lo encontramos entregando las sábanas antes de llegar al destino.

 

2014-05-03 13.33.04Y efectivamente, tras las 18 horas dentro del tren llegamos a Lviv dispuestos a continuar la aventura. El siguiente paso es situarnos en la ciudad, encontrar el alojamiento que tenemos reservado y hacer algunas tareas pendientes. El próximo post será sobre mis primeras impresiones de la ciudad y el inicio del curso que justifica el desplazamiento.2014-05-03 13.34.38-1