La historia (casi) interminable o cómo conseguir el permiso de residencia.

Aquí comienza el relato del complejo proceso administrativo que hemos sufrido los últimos meses y el principal motivo por el que decidí no contagiar mis nervios a mis seres más queridos, escribiendo públicamente en el blog el desarrollo de los acontecimientos.

Ahora reaparezco con un post que bien podría encuadernarse y que sólo es apto para los amantes incondicionales de las largas lecturas, gente curiosa, seguidores incondicionales o lectores curiosos.

A continuación presento varios textos escritos durante este tiempo narrando todos los sucesos ahora que ya  logré el permiso de residencia y dejé de estar ilegalmente en Ucrania. Sí, esa era mi situación. No legal.

Durante septiembre y octubre hemos pasado muchos nervios, horas de espera, trámites, llamadas, fotocopias y momentos casi de miedo al tener que esquivar continuamente a la policía. Ahora, y con el documento en mi poder, puedo relatar tranquilamente lo que he vivido.

Gracias una vez más a todos los que me estáis apoyando en esta experiencia. Sin vuestro respaldo esto nunca sería lo mismo.

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camino del papeleo

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Ucrania es un país que nunca dejará de sorprenderme.

Para los despistados: estoy aquí como EVS (European Voluntary Service) dentro del programa Erasmus+ de la CE y en este momento nos vemos en la tesitura de involucrarnos en la corrupción burocrática ucraniana si queremos conseguir nuestros respectivos permisos de residencia.

Hace unos meses os contaba en un post la complejidad del proceso para obtener el visado en la embajada ucraniana de Madrid y el pésimo trato recibido. La primera vez que entré en Ucrania lo hice simplemente con mi pasaporte español, ya que como europea puedo permanecer 90 días en el destino sin tener que pedir ningún visado especial. Después volví a España para realizar los trámites pertinentes y conseguir el visado. Tras mi vuelta a Ucrania, desde el primer día que llegué, mi organización de acogida (la ONG en la que trabajo, SVIT-Ukraine) comenzó a preparar toda la documentación necesaria para legalizar mi presencia antes de que expirase mi autorización. Primero se pedió una prolongación del visado y mientras tanto, llevar siempre conmigo el pasaporte con mi visado caducado, una fotocopias, los documentos oficiales que acreditaban mi implicación en un programa de la comisión europea y los documentos de los organismos ucranianos que mencionaban que estaba en pleno proceso administrativo para obtener mi permiso de residencia justificando la caducidad de mi visado, en caso de que me dieran el alto o tuviera que pasar cualquier control.

No sé si debido a la situación política actual, las circunstancias que está viviendo el país o los procedimientos de poder impuestos, es muy común que la policía pida la documentación a los ciudadanos (especialmente en zonas de grandes aglomeraciones como por ejemplo dentro de las estaciones de metro, en medios de transporte o grandes superficies comerciales) pero la gran mayoría de los casos sólo suelen “dar el alto” a los hombres, especialmente si su aspecto no responde a los estereotipos de la zona.

Sinceramente, no es nada fácil tener al día la documentación ya que los organismos responsables de todos estos trámites dificultan de manera continúa el proceso y muchas veces sólo acceden a completar el registro previo pago bajo la mesa. En ocasiones si la policía encuentra una documentación incompleta también aprovecha para amenazar al sujeto y pedirle dinero o cualquier tipo de favor a cambio. Desgraciadamente dentro de mi círculo cercano de amigos hemos vivido esta situación varias ocasiones. Tomaron todos los datos a uno de mis compañeros amenazándole con hacerle una visita extraoficial a casa si no conseguía a cambio una lista de piezas de coche que le dieron al comprobar su nacionalidad italiana y casualmente coincidir con la casa del fabricante del automóvil que el oficial de policía tenía. Le dijeron que le deban un mes para encontrar todas las piezas del Lancia o podría esperar cualquier tipo de “visita” a su domicilio. Vivió varios días de nervios y dudas, pero al final no accedió a comprar las piezas y por el momento no ha habido represalias.

También conozco de primera mano otro caso en el que un estudiante brasileño de medicina al entregar su pasaporte para completar la documentación de la universidad, tuvo que pagar una buena cifra si quería recuperar su pasaporte ya que el trabajador que realizaba la gestión le amenazó con no devolvérselo. Y no es la primera vez que le sucede cuando tiene que matricularse al inicio de un nuevo curso.

Otro incidente lo vivieron un grupo de conocidos (todos eran varones y procedentes de Irak) al ser inspeccionados en una estación de metro en el centro de Kharkov, una patrulla de policía les examinó detenidamente sus papeles. Afortunadamente todos tenían su documentación a excepción de uno de ellos. La pareja de oficiales de policía le amenazaron con detenerle a no ser que tuviera “un gesto económico con ellos”. Con la mala suerte de que el sujeto no llevaba una cantidad significante para ellos y acabó detenido, le metieron en una furgoneta y se fueron con él. En el camino el chico consiguió convencerles de que le soltasen ofreciéndoles localizar de nuevo a sus amigos para ellos pudieran darles más dinero.

Las malas lenguas cuentan que hay mucha gente que debido a la precariedad y falta de trabajo, se dedica a comprarse uniformes de policía, de oficiales, agentes del orden, de tráfico y personal de seguridad, simplemente para ataviarse e intentar sacar un sueldo a base de sobornos ilegales intimidando a la gente, especialmente a los extranjeros. Algunos recomiendan pedirles la identificación a cualquier persona uniformada que nos exija documentarnos, pero en ciertas ocasiones también puede desfavorecer el desarrollo de los acontecimientos.

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“посвiдка” conseguida

Tras varios meses de espera, recopilación de documentos, fotocopias, colas de espera, formularios y nervios, conseguí superar el primer paso de todo el proceso y junto a mi compañero portugués vivimos nuestro momento feliz al obtener nuestro “posvidka”, que es así como se conoce la acreditación -físicamente similar a cualquier pasaporte- para poder demostrar que resides en Ucrania.

El siguiente paso es citarte con el casero de la vivienda en la que te alojas e ir a una oficina gubernamental a declarar por ambas partes (acompañados de todo tipo de papeles) que estamos viviendo en el citado domicilio con el fin de que te sellen este nuevo documento. La “посвiдка” -posvidka, o permiso de residencia- no sirve para nada si no va sellado. Desde el momento que lo entregan en mano hay un mes natural para completar el proceso, presentar la documentación y conseguir la validación para el sello.

Fallamos en el primer intento. Nuestros respectivos caseros tienen que asistir para firmar la declaración, demostrar que tiene el piso en alquiler pero -al igual que tantos otros-  no querían declarar legalmente que tenían otras viviendas que les proporcionaban beneficios. Mucha gente tiene en propiedad pisos que les facilitó la Unión Soviética y al conseguir ahora una vivienda mejor, los alquilan. Generalmente no es nada fácil encontrar a gente que quiera alquilar a extranjeros. La desconfianza está al orden del día en un país donde no pueden fiarse casi ni de su propio vecino.  Finalmente conseguimos un contacto (una mujer con dos viviendas) que accedió a inscribirnos en uno de sus domicilios a cambio de una cantidad de dinero.

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Hoy, jueves 25 de Septiembre llevamos cerca de 3 horas esperando de nuevo en una oficina de registro a las afueras de la ciudad, en un barrio conflictivo según dicen, para intentarlo nuevamente.

Este proceso final fue el que falló a mi antigua compañera de casa que tuvo que regresar a su país  sin poder realizar su proyecto.

Así que hoy más que nunca hemos dormido con los dedos cruzados.

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Y así falló el proceso de nuevo.

Volvimos día tras día a madrugar e intentar ser los primeros en la cola de registro, pasar por varios despachos pidiendo comprensión con la situación y escuchar los motivos por los cuales justificaban el no acceso al permiso de residencia. Había que presentar una copia de la propiedad de la vivienda. En este caso la casa está en proceso de pagar la hipoteca, por lo que ahora piden a la dueña nueva documentación.

Completamos los papeles y volvimos.

De nuevo fallo negativo.

Motivo: la copia firmada por notario de la hipoteca de la vivienda tenía 2 años de antigüedad y la trabajadora que tiene que aceptar nuestra solicitud lo considera “muy antiguo”.

Hablamos con el banco, cuya sede está en Kiev. Mandan el original de la hipoteca a Kharkov, conseguimos una nueva copia notarial actualizada y nos presentamos de nuevo para presentar nuestra solicitud.

Respuesta: negativa.

Motivo: la funcionaria quiere ahora ver con sus propios ojos el original de la hipoteca del banco.

Insinúa que podría “agilizarse el proceso” con “una cantidad simbólica”.

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Con la puerta en las narices.

La propietaria de la vivienda habla con su banco, con el notario, con la administración regional y con el Ayuntamiento explicando el caso.

Consigue un documento oficial del banco que especifica que la copia original de su vivienda no puede salir del archivo de la entidad y que la propietaria dispone de una copia con el mismo valor.

Volvemos a la oficina de registro.

Hacemos la cola.

Presentamos los papeles.

Respuesta: negativa.

Incluso intentamos pagar el soborno que nos pedían, pero ahora la funcionaria no quiere aceptarlo. Ha decidido que nuestra solicitud no está completa y la respuesta será siempre negativa.

En ese momento la propietaria de la vivienda enseña su carnet de periodista y se acredita como prensa ante la funcionaria con el fin de exigir un trato razonable intentando convencer a la funcionaria de aceptar la solicitud a no ser que quisiera ver todo el proceso publicado.

Nos echan a voces del despacho.

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El siguiente paso que dimos fue contactar con la superior de esta funcionaria para entender qué es lo que estaba sucediendo y cómo solucionar la situación.

Nos atiende en un despacho donde reina la tranquilidad y presidido por un icono ortodoxo en un marco de plata junto a un jarrón de flores. La trabajadora admite que no es la primera vez que recibe quejas sobre el comportamiento de su compañera (de posición inferior pero aparentemente bien apadrinada) y decide llamarla en nuestra presencia para fijar una nueva cita. Situación casi surrealista.

Volvemos a la cola, los papeles, y aquella señora con cuerpo de Barbie madura, una cara casi desfigurada por la cirugía estética, una melena rubia impresionante, cejas negras pintadas y unos tacones de infarto. Presentamos de nuevo todo.

Respuesta: negativa.

Motivo: al parecer hay una nueva norma y se necesitan otros papeles.

Y así volvemos día tras día encontrándonos o bien la puerta cerrada (porque espontáneamente deciden cambiar los horarios de atención al público) o bien la ausencia repetida de esta funcionaria, que es la encargada de dar el visto bueno ante todos los registros.

Nervios. Desesperación. Cancelamos viajes, cursos que teníamos. No podemos salir de la ciudad. Nuestro visado está caducado y ya ha pasado más de un mes desde que nos entregaron el permiso de residencia pero no hemos conseguido el sello que lo valida.

Acudimos a más contactos, volvemos al despacho, nos echa incluso del pasillo de fuera, nos atiende a voces, nos tira al suelo los papeles, y así día tras día viendo cómo llega ella en su Lexus de lujo, no nos mira ni a la cara, y nos sigue evitando.

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Cambia oficialmente el proceso de regulación del permiso de residencia y afloran nuestras preocupaciones. Ahora tenemos que acudir a una oficina nueva y empezar de nuevo. El sistema se ha renovado y hay que presentar las solicitudes en otro sitio, pasar un filtro nuevo.

Acudimos, presentamos los papeles, nos encontramos con unas instalaciones implacables y un personal agradable. Recuperamos la esperanza.

Aguardamos los días pertinentes de espera con la fatalidad que descubrimos que esta nueva oficina lo que hace es supervisar los expedientes y después acaban en manos de la misma señora.

Acudimos al contacto superior a ella, le explicamos la situación desesperada y pedimos comprensión para legalizar la presencia de dos voluntarios europeos que simplemente desean desempeñar su labor y no tener miedo a moverse por la calle.

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Puerta de la funcionaria (nombre en la placa)

Aparece una solución sobre la mesa: intentar hablar con la funcionaria maleducada  y preguntarle si sería capaz de aceptar un cambio de vivienda presentando los documentos originales de otro piso cuyo dueño tuviera en propiedad para intentar así evitar tantas negativas. De esa forma nos olvidaríamos del apartamento de la periodista que nos estaba haciendo el favor y que parecía que no estaban dispuestas a congeniar nunca con la famosa funcionaria.

Llegó el momento en el que conseguimos un contacto que amablemente se ofrece a ayudarnos presentando su pasaporte y la documentación de su vivienda donde figuraríamos como residentes.

Pfffffffff…

Volvemos a esta nueva oficina, tan informatizada, tan espectacular, tan limpia, tan nueva, con unas instalaciones envidiables, donde el personal incluso sonríe en ocasiones especiales y presentamos de nuevo las dos solicitudes el viernes 31 de Octubre de 2014. Se quedan con nuestros pasaportes, toda la documentación y nos dan un trozo de papel que al parecer justifica que vayamos ahora indocumentados por un plazo de 5 días.

Ese fin de semana evitamos el metro, los sitios con mucha gente, movernos por el centro, e ir siempre acompañados. Procuramos movernos en autobús o en taxi, ir siempre con alguien nativo para que no nos reconozcan al hablar con nuestros respectivos acentos extranjeros, y pasar desapercibidos de la mejor forma posible. Las prendas de invierno nos ayudan bastante a camuflarnos entre el surtido de gorros, bufandas y capuchas de nueva temporada. Nuestro bienestar depende de un pedacito de papel que si cualquier control nos lo pide, pueden hacer desaparecer como si se tratase de un simple ticket de supermercado.

Personalmente procuro quedarme en casa y moverme a pie, sin salir demasiado de mi barrio en la periferia donde la vida es mucho más tranquila.

El miércoles 5 de Noviembre a las 15h volvemos a esta nueva oficina. Esa mañana viví otra experiencia inolvidable (que no es momento de tratar) y con el estómago vacío y los nervios a flor de piel, acudimos en búsqueda de nuestra última posibilidad. Era el último comodín que teníamos. Si esto fallaba el camino sería doblemente dificultoso.

Respuesta: afirmativa.

Documentos sellados. Alegría infinita. Descanso absoluto. Satisfacción inmensa. Felicidad a borbotones. Nuevas ilusiones. Esperanzas renovadas. Ilusiones extendidas. Ánimo recargado. Sonrisa inmensa.

El vodka cerró la jornada.

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Hoy, miércoles 13 de noviembre he encontrado el hueco en mi agenda, que desde que pudimos celebrar el gran acontecimiento se llenó de planes, reuniones, nuevos proyectos, viajes, e ilusiones.

Ahora ya puedo dormir tranquila cada día.

Salgo a la calle con la cabeza bien alta.

La mirada siempre al frente pero con el bolso a buen recaudo, porque ahora más que nunca su valor es incalculable.

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GRACIAS por vuestra lectura y apoyo.

Ucrania – España – Ucrania, camino del visado.

Llevaba un tiempo buscando la ocasión para poder escribir en el blog todo lo sucedido durante las últimas semanas ya que como muchos sabéis he estado de visita por España. Hoy, ya instalada nuevamente en mi dirección ucraniana, es el mejor momento para proceder a ello.

Anteriormente me había desplazado desde Kharkiv, la ciudad donde vivo al este de Ucrania, a Kiev para coger el tren dirección a Slavsko, donde tuvo lugar el último curso formación al que asistí para iniciarme dentro del servicio de voluntariado europeo, podéis leer el post anterior si alguien quiere más detalles al respecto.

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Desde Slavsko viajé a Lviv en un antiguo tren ucraniano atravesando las montañas cárpatas. Recorrimos unos 132 km en aproximadamente 4h 30min. Momento en el que añoré enormemente un simple cercanías madrileño que comparado con aquel escenario sería un viaje de lujo. El precio del billete de Slavsko a Lviv es de 11 UAH (grivnas) lo que supone al cambio 0,68€. Los vagones eran un auténtico reflejo de la Ucrania más rural y humilde. Sin aire, bancos de madera y con vendedores ambulantes que ofrecían desde cuadernos con crucigramas, estampas religiosas, pipas de girasol e incluso helados que transportaban en dudosas condiciones. La variedad de pasajeros ofrecía todo un abanico de sujetos: señoras mayores con sus bolsas de rafia y pañuelo en la cabeza, pescadores con cubos llenos de trofeos recién capturados, agricultores que viajan a la capital a vender sus productos caseros, familias con niños, trabajadores, pero ningún turista. Éramos nosotros (una polaca, un italiano y yo) el centro de atención de todas las miradas. El vagón entero disfrutó de un largo viaje pendiente de cada uno de nuestros movimientos, escuchándonos hablar en un idioma extraño, vestimenta distinta y accesorios irreconocibles para muchos. Nos señalaban, nos observaban, sentías cómo su curiosidad recaía sobre nuestros gestos.

En este trayecto los pasajeros aprovechan para dormir, charlar, leer, o hablar con la gente que encuentran. Aquí no están pendientes de las pantallas de sus smartphones. Aquí no hay ni 3G y en esta zona a penas se ven pantallas táctiles. Se disfruta del viaje, del paisaje impresionante de las montañas cárpatas, de cómo el viento mueve las hojas de los árboles, de cómo cruzamos ríos y pequeñas estaciones escondidas. El tiempo parece que no avanza nunca. Reflexiono interiormente lo que supondría en épocas anteriores los largos desplazamientos. El tren viajaba casi a menos de 30 km/h, el calor era increíble, y dado el estado del cuarto de baño era mejor no beber mucho líquido durante el trayecto.

Tras un viaje fascinante repleto de miradas punzantes y una postura poco confortable sobre el banco de madera, llegamos a la estación central de tren de Lviv. Tuve la ocasión de disfrutar una vez más de casi un día en esta maravillosa ciudad y emprendí el viaje a España para conseguir el visado ucraniano. A mi paso por Lviv también tenía que recoger allí un documento imprescindible para tramitar mi visado que lamentablemente no llegó a tiempo y tuve que abandonar la ciudad sin ello, dificultando todo el proceso que os relataré a continuación.

Anteriormente había entrado en Ucrania con mi pasaporte español que como turista te permite estar 90 días en el país, pero que evidentemente no es suficiente ya que mi proyecto tiene una duración de 10 meses. Hay que comenzar el proceso de documentación que certifique legalmente mi presencia en la zona. Para ello primer paso es conseguir un visado, motivo por el cual viajé a España a la embajada ucraniana.

Estaba en un sencillo albergue del centro de Lviv pasando la noche y a la mañana siguiente comenzó la aventura sólo con una mochila como equipaje de mano y acompañada del dolor de un esguince de tobillo de la semana anterior. Desde el centro de Lviv al aeropuerto en taxi, unos 30 minutos, 40 UAH (2,47€). Y allí, casi a medio día, comienza mi tránsito aéreo por aeropuertos internacionales con una combinación de vuelos de lo más estresante.

Quisera aprovechar para contaros la tremenda situación que tuve al pasar el control de pasaportes en Lviv donde la guardia fronteriza me retuvo alegando que yo no era la misma persona que la foto y por lo tanto no me dejaban abandonar el país con dicha documentación. Mi ruso aún es muy limitado como para poder argumentar nada, y el inglés que hablan ellas (porque todas eran mujeres) era igual de escaso. Rasparon con sus uñas cada página de mi pasaporte, lo escanearon, llamadas telefónicas, búsquedas en el ordenador, un montón de preguntas. Según la policía mi imagen actual no se corresponde a mi foto del pasaporte en la que aparezco con pelo corto negro y ahora melena larga color castaño. Motivo suficiente como para sospechar de mí y retenerme ante la ventanilla.

Mis nervios comenzaron a alterarse. No dejaba de mirar el reloj. Allí parada, con mi mochila, enseñando un montón de papeles con sellos europeos explicando qué estaba haciendo en Ucrania. Tampoco entendían por qué había entrado al país por el este, en Kharkiv, y ahora salía por el oeste, Lviv. El reloj avanzaba y aquella policía no dejaba de mirarme fijamente a los ojos mientras ponía a prueba mi paciencia. Gracias a la intervención de otra policía que entendía algo más de inglés, al final conseguí el sello de salida y pude ir corriendo a la puerta de embarque pensando que estaba a punto de perder el primer vuelo y enfrentarme a un buen problema. Tenía tres vuelos que coger para poder llegar a Madrid y cruzarme prácticamente Europa de Este a Oeste.

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Volaba de Lviv a Milán con la compañía low-cost Wizzair. Al llegar sofocada a la puerta de embarque mis nervios se terminaron instantáneamente al comprobar que el vuelo salía con retraso y no perdía el avión. Pero el retraso comenzó a incrementarse y los nervios a aflorar. De nuevo mi reloj avanzaba pero el avión ni si quiera estaba en pista. Finalmente el embarque fue fugaz y despegamos cuando casi aún no estaban todos los pasajeros sentados. Tras unas dos horas de vuelo (pero ganando una hora en el reloj) aterrizo en Milán donde supuestamente tendría casi otras dos horas de espera. Mi sorpresa fue que el siguiente vuelo salía de una terminal diferente a la que había llegado y eso supuso salir del aeropuerto, coger un autobús, llegar a la otra terminal, pasar los controles y correr para llegar a la puerta de embarque porque a las 15h salía mi vuelo dirección Barcelona con easyjet.

Tras hora y media de Italia a España llegué a Barcelona como pasajera en trásito camino de mi último vuelo. Otra vez me toca pasar los controles del aeropuerto para salir fuera, coger un autobús, cambiar de terminal, pasar los controles de entrada y llegar al embarque de mi último trayecto dirección Madrid mirando el reloj cada segundo. Despegábamos supuestamente a las 18:10h y llegaba a las 19:30h a la capital, pero vueling también despegó con retraso. Ya no había nervios. Me daba igual esperar, era el tercer y último vuelo del día.

Finalmente llego a la T4 de Madrid sana y salva con mi mochila a la espalda. Con esa satisfacción de no tener que esperar a que salga el equipaje y poder cruzar la puerta de salida corriendo para abrazar a quienes me estaban esperando impacientes.

Después de descansar y dormir unas cuantas horas plácidamente ya en España, retomé mi objetivo principal: conseguir el visado en la embajada ucraniana. En el caso de que a alguien pudiera servirle de ayuda, os voy a contar cada detalle para tramitar el visado. Primeramente: no contestan al teléfono en ningún momento del día, ni a los emails. Es imposible comunicarse con ellos previamente para cualquier consulta. Acudí a la página web donde tampoco encontré respuestas a mis dudas. 

Para tramitar un visado hay que presentar varios documentos que acrediten tu presencia en el país, como cualquiera pueda imaginar o habrá experimentado. En mi caso tuve que esperar varios días a que llegase desde Ucrania por mensajería urgente el documento que me faltaba y no pude recoger antes de irme de Lviv, que era una carta de invitación para la embajada donde se detallaba mi proyecto bajo el fondo de la Comisión Europea. Hasta que no tuve en mi posesión dicho documento no pude ir a la embajada en madrid y tan sólo tenía en España dos semanas antes de que saliera mi vuelo de vuelta.

Embajada Ucrania en Madrid

Embajada Ucrania en Madrid

La embajada de Ucrania en Madrid está a las afueras de la ciudad, en un buen chalet por Arturo Soria, lejos de cualquier combinación de transporte público. Más que recomendable llevar el GPS o un mapa porque no es fácil encontrarlo y nadie en la zona conoce su ubicación. Llegué a primera hora. Abren a las 9 de la mañana. La oficina ya estaba llena de gente haciendo colas. Todos me miraban. Aparentemente era la única española. Todos los carteles, indicaciones y paneles estaban escritos en ucraniano. Ni si quiera sabía en qué cola tenía que ponerme. La persona de la ventanilla me atendió directamente en ucraniano. Incluso al decirle en español que no hablaba su idioma siguió hablándome en ucraniano. Tuve que decirle con el poco ruso que hablo, que por favor no le entendía. 

Una señora que estaba allí esperando me resolvió la duda sobre en qué cola tenía que situarme para mis trámites. No era capaz de descifrar ninguno de aquellos carteles y aunque todos me oyeron preguntar, sólo esta amable persona fue capaz de acercarse a mí y hablarme en español para ayudarme. Experimenté un gran rechazo como extranjera, mucho mayor al que había sentido el mes y medio anterior en cualquier situación en Ucrania a pesar de que estaba en España aunque en su embajada. Todo un contraste de sentimientos e impotencia burocrática.

Después de una larga espera cuando llegó mi turno en la ventanilla adecuada, mostré todos los papeles que llevaba conmigo: la carta de invitación, los certificados como voluntaria europea, las acreditaciones de la organización para la cual trabajo y el resto de documentos. Tras el cristal ahumado y sin a penas poder identificar con facilidad a la persona que me estaba atendiendo, simplemente me deslizaron por la ranura un papel, la solicitud de tramitación de visados, y gritando en ucraniano llamaron a la siguiente persona intuyendo que mi turno había terminado a pesar de estar haciendo aún preguntas.

Recojo todos los papeles que tenía allí extendidos y me retiro a una de las mesas para rellenar cada apartado con un montón de papeles en ucraniano que ni si quiera sé leer. De nuevo la señora de antes me ayudó (спасибі!), incluso me dio su boli. Fue la única persona en toda la sala que tuvo la amabilidad de ayudarme, hablarme en mi idioma y resolver la situación. 

Vuelvo a la fila a presentar toda la documentación, los papeles, dos fotos de carnet y se quedan con mi pasaporte. El pago del visado regular (59,54€) se hace mediante tarjeta de crédito (también se puede abonar en el banco pero supondría tener que regresar en otro momento) y me dan un plazo posterior a mi billete de vuelta para recoger el visado. Intento hablar con ellos para tramitarlo de manera expres pagando el doble -que es la otra posibilidad- pero incomprensiblemente no consigo dicho servicio.

Me sentí realmente extranjera (en una embajada dentro de mi propio país), rechazada y tratada con poca amabilidad, por no decir ninguna. Estas situaciones son las que nos enseñan en primera persona a ponernos también en la piel de todos aquellos extranjeros inmigrantes que están en España y a los que no siempre atendemos correctamente.  

Evidentemente tuve que hablar con mi organización ucraniana, cambiar el billete y retrasar el vuelo otra semana más para poder regresar con el visado.

Durante los días en España aproveché para ir al médico con el esguince de tobillo que llevaba arrastrando desde las semanas anteriores y que las carreras de aeropuerto en aeropuerto habían empeorado. Todavía no había conseguido hacer el reposo suficiente y seguía con el pie hinchado. 

Oficina de atención

Oficina de atención

La aventura del visado aún no acaba aquí: tuve que ir a recogerlo en la fecha indicada y encontrarme con otra situación desagradable en la embajada, la puerta cerrada. Me atendieron desde el telefonillo de la verja. Me hicieron un montón de preguntas en plena calle, me pidieron mis datos y me sugirieron regresar al día siguiente por la mañana o esperar en la calle más de media hora. Intuyo que lo que sucedió es que no tenían hecho el visado y en ese rato que estuve sentada en el bordillo, 40 minutos de reloj, procedieron a tramitarlo al mismo momento que yo esperaba fuera. 

La acera estaba llena de coches oficiales de la embajada ucraniana y en la calle contigua una patruya de la policía nacional española haciendo guardia.

Finalmente una trabajadora ucraniana salió a la calle con mi pasaporte y el libro de registro para que lo firmase. En ningún momento me ofreció entrar a la oficina ni me quiso explicar por qué me estaban atendiendo en la calle. Me pidió que firmase el registro como que recogía mi pasaporte no sin antes haber tenido la precaución de pedirle toda la documentación que había presentado, puesto que son papeles oficiales que necesitaría para el siguiente trámite que tengo que realizar. Cuando finalmente tuve todos los papeles en mi poder, firmé el libro de registro y me fui a casa con el visado por fin en mi poder.

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El lunes 16 de junio de 2014 a las 14:35 h españolas, despegó mi vuelo desde la T1 de Madrid dirección Estambul. Allí una escala de unas 5 horas, más 45min de retraso en el siguiente vuelo de Estambul a Kharkiv. Aterricé casi a las 3 de la mañana ucranianas. 

Cuando el cansancio se apoderaba de mi cuerpo me tocó pasar el control de pasaportes que de nuevo estaba custodiado todo por policías mujeres. Nunca sabes cómo elegir la que aparentemente puede ser más amable, y una vez más mis criterios me engañaron. Tuve que volver a tragar saliva cuando incluso enseñando el visado tramitado por su propio país, me cuestionaba mi presencia allí y todos los sellos que tenía anteriores. Finalmente todo quedó en unos minutos de preguntas y detalles minuciosos para retomar las pocas frases que he conseguido aprender en este tiempo.

De nuevo en el este de Ucrania y con un visado de 45 días, ahora es el momento de comenzar a tramitar el siguiente documento: el permiso de residencia -conocido como подписка (podpiska)- y que ya de entrada me han advertido de la dificultad que supondrá tramitarlo por la cantidad de documentación que exigen.

Gracias a todos los que habéis aguantado leyendo este post hasta la última línea, a quienes me mandáis ánimos y mostráis preocupación ante la situación que está viviendo el país. Deciros una vez más que me encuentro perfectamente y que no hay mejor experiencia que salir de la zona de confort para aprender constantemente.