Talleres artísticos Vs. Accidente de avión.

No tenemos agua corriente pero tenemos wifi. No tenemos servicio, pero pudimos ver la final del mundial de fútbol en streaming en un portátil. No tenemos lavabo pero hay cobertura suficiente para tuitear.

Los parámetros de confort y las necesidades básicas varían según las condiciones del medio y la cultura del grupo social.

El acceso a la información se ha convertido en un asunto prioritario, incluso para los habitantes de las zonas más rurales de Ucrania. Las noticias de la radio nos acompañan durante toda la jornada. Hay más probabilidades de conectarse a la wifi que de encontrar papel higiénico.

El concepto de reciclaje es completamente ajeno a este contexto. Aquí simplemente se separa lo orgánico del resto de residuos para poder luego dárselo a los cerdos.

Este workcamp incluye varios talleres dirigidos por el grupo de artistas tradicionales ucranianos que regentan este lugar. Todos ellos tienen piezas en el museo local de pintura tradicional ucraniana y son especialistas en diferentes técnicas.

Nuestro primer taller comprendía las técnicas básicas de pintura, cómo realizar las flores tradicionales, el significado de cada elemento y la explicación de toda la simbología. Cada composición engloba diferentes representaciones (pájaros, flores, el gallo, pan, mariposas) y según su disposición explican la naturaleza original de la obra y varía el significado. Los pinceles que empleaban tradicionalmente para realizar las pinturas son artesanales y los elaboran con pelo de gato, utilizando siempre los pelos que tienen entre las patas y el cuerpo. Hoy en día utilizan todo tipo de pinceles, pero muchos de los artistas siguen utilizando los pinceles que ellos mismos elaboran.

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Los elementos de las composiciones de las pinturas definen su significado. La presencia del gallo está relacionada con la suerte, la masculinidad, la protección. Si aparecen varios pájaros acompañados de mariposas y mucha vegetación, dan a comprender el inicio de algo, el comienzo de la jornada, los buenos días. Si aparece un sólo pájaro -de determinadas características- se relaciona con la joven de la casa e indica si esta comprometida o buscando pareja. Y lo mismo con los diferentes tipos de frutas y motivos vegetales. Tradicionalmente, se prestaba especial atención a las pinturas que decoraban cada casa para conocer la situación de las personas que vivían en ella.

En el primer taller comenzamos pintando sobre papel para aprender los trazos básicos. La segunda sesión fue pintar sobre tabla. Utilizamos acrílico y gouache. Los talleres abarcan las representaciones tradicionales más importantes de la Ucrania rural, por lo que también nos enseñaran a trenzar la paja (utilizada en sombreros, cintas, material agrícola, utensilios) o a hacer muñecas de trapo.

La línea entre el arte y la artesanía no está claramente definida en este ámbito. Todas estas creaciones simbólicas forman parte de la cultura tradicional de la zona y son dignas del reconocimiento social. Resaltar también su importancia a nivel internacional ya que han sido reconocidas por la UNESCO, añadiéndolas a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Estos profesionales de la creación manual se consideran propiamente artistas ucranianos, y nos enseñan con mucha honradez sus trabajos como contribuciones relevantes en el arte ucraniano. Hasta tal punto que estos motivos decorativos se están poniendo de moda entre los jóvenes (especialmente entre las chicas ucranianas) incorporándolos incluso a los tatuajes más contemporáneos.

La visita al museo de Petrykivka nos ayudó a tener una visión más amplia de las representaciones decorativas. El museo presenta una colección con obras de artistas establecidos en la zona así como de otros con mayor proyección internacional, pero todas las obras están relacionadas con este tipo de pintura decorativa.

Dentro del museo hay distintas zonas de talleres y estudios que los artistas utilizan para trabajar, pero que también están abiertos al público como punto de venta directa entre el artista y el visitante. Una vez en el interior del edificio, recorremos las salas de exposición y visitamos los talleres. Los fines de semana suele haber mayor afluencia de gente, que aprovechan la oportunidad de comprar directamente a los artistas y establecer contacto.

DSC01689De regreso nuestro espacio y continuando con los talleres, también tuvimos la oportunidad de utilizar el torno de cerámica. Comenzamos con el más básico, el torno de pie. Y en este caso fue Mikola, el cabeza de familia, quien nos guiaba durante la sesión.

Mientras disfrutaba del entorno, rodeada de naturaleza, campos de maíz, girasoles, flores silvestres y aire fresco, la emisora de la radio interrumpió la emisión de música para informarnos del accidente de avión. Aunque mi nivel de ruso es muy pobre aún, pude comprender las cosas básicas de la noticia que invadió aquel espacio casi idílico.

Mucha confusión. Información poco detallada. Terribles suposiciones. Miradas atónitas entre nosotros, pero algunos segían pintando flores.

Me lancé corriendo a buscar mi móvil y rastrear Twitter. Aún no había imágenes pero la noticia ya estaba difundiéndose en los principales medios. Las conjeturas mediáticas no albergaban grandes esperanzas. Comenzaban a llegarnos más detalles. La radio de fondo seguía informando. No podía apartar mi vista de la pantalla y actualizar mi time list.

Contradictoriamente el taller de pintura segía su curso. La artista que lo dirigía se mantuvo concentrada casi la mayor parte del tiempo. Su momento creativo no se vio alterado.

Durante aquella jornada la familia ucraniana no comentó nada sobre el tema. Entre nuestro grupo -la mayoría somos extranjeros- la dependencia por renovar información crecía. Espacio aeréo cerrado, cuando algunos tenían billetes para volar los próximos días. Controles policiales. Enviados especiales. Arriesgadas interpretaciones. Consecuencias. Víctimas.

Los girasoles agachaban su cabeza rechazando cualquier alteración del medio. El sol desaparecía entre unos tonos violáceos preciosos. Los pavos estaban alborotados disfrutando de unas manzanas caídas de los árboles. Aquel paisaje de contrastes entre naturaleza y conflicto bélico parecía fundirse impasiblemente. Era jueves, 17 de julio de 2014.

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Ucrania – España – Ucrania, camino del visado.

Llevaba un tiempo buscando la ocasión para poder escribir en el blog todo lo sucedido durante las últimas semanas ya que como muchos sabéis he estado de visita por España. Hoy, ya instalada nuevamente en mi dirección ucraniana, es el mejor momento para proceder a ello.

Anteriormente me había desplazado desde Kharkiv, la ciudad donde vivo al este de Ucrania, a Kiev para coger el tren dirección a Slavsko, donde tuvo lugar el último curso formación al que asistí para iniciarme dentro del servicio de voluntariado europeo, podéis leer el post anterior si alguien quiere más detalles al respecto.

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Desde Slavsko viajé a Lviv en un antiguo tren ucraniano atravesando las montañas cárpatas. Recorrimos unos 132 km en aproximadamente 4h 30min. Momento en el que añoré enormemente un simple cercanías madrileño que comparado con aquel escenario sería un viaje de lujo. El precio del billete de Slavsko a Lviv es de 11 UAH (grivnas) lo que supone al cambio 0,68€. Los vagones eran un auténtico reflejo de la Ucrania más rural y humilde. Sin aire, bancos de madera y con vendedores ambulantes que ofrecían desde cuadernos con crucigramas, estampas religiosas, pipas de girasol e incluso helados que transportaban en dudosas condiciones. La variedad de pasajeros ofrecía todo un abanico de sujetos: señoras mayores con sus bolsas de rafia y pañuelo en la cabeza, pescadores con cubos llenos de trofeos recién capturados, agricultores que viajan a la capital a vender sus productos caseros, familias con niños, trabajadores, pero ningún turista. Éramos nosotros (una polaca, un italiano y yo) el centro de atención de todas las miradas. El vagón entero disfrutó de un largo viaje pendiente de cada uno de nuestros movimientos, escuchándonos hablar en un idioma extraño, vestimenta distinta y accesorios irreconocibles para muchos. Nos señalaban, nos observaban, sentías cómo su curiosidad recaía sobre nuestros gestos.

En este trayecto los pasajeros aprovechan para dormir, charlar, leer, o hablar con la gente que encuentran. Aquí no están pendientes de las pantallas de sus smartphones. Aquí no hay ni 3G y en esta zona a penas se ven pantallas táctiles. Se disfruta del viaje, del paisaje impresionante de las montañas cárpatas, de cómo el viento mueve las hojas de los árboles, de cómo cruzamos ríos y pequeñas estaciones escondidas. El tiempo parece que no avanza nunca. Reflexiono interiormente lo que supondría en épocas anteriores los largos desplazamientos. El tren viajaba casi a menos de 30 km/h, el calor era increíble, y dado el estado del cuarto de baño era mejor no beber mucho líquido durante el trayecto.

Tras un viaje fascinante repleto de miradas punzantes y una postura poco confortable sobre el banco de madera, llegamos a la estación central de tren de Lviv. Tuve la ocasión de disfrutar una vez más de casi un día en esta maravillosa ciudad y emprendí el viaje a España para conseguir el visado ucraniano. A mi paso por Lviv también tenía que recoger allí un documento imprescindible para tramitar mi visado que lamentablemente no llegó a tiempo y tuve que abandonar la ciudad sin ello, dificultando todo el proceso que os relataré a continuación.

Anteriormente había entrado en Ucrania con mi pasaporte español que como turista te permite estar 90 días en el país, pero que evidentemente no es suficiente ya que mi proyecto tiene una duración de 10 meses. Hay que comenzar el proceso de documentación que certifique legalmente mi presencia en la zona. Para ello primer paso es conseguir un visado, motivo por el cual viajé a España a la embajada ucraniana.

Estaba en un sencillo albergue del centro de Lviv pasando la noche y a la mañana siguiente comenzó la aventura sólo con una mochila como equipaje de mano y acompañada del dolor de un esguince de tobillo de la semana anterior. Desde el centro de Lviv al aeropuerto en taxi, unos 30 minutos, 40 UAH (2,47€). Y allí, casi a medio día, comienza mi tránsito aéreo por aeropuertos internacionales con una combinación de vuelos de lo más estresante.

Quisera aprovechar para contaros la tremenda situación que tuve al pasar el control de pasaportes en Lviv donde la guardia fronteriza me retuvo alegando que yo no era la misma persona que la foto y por lo tanto no me dejaban abandonar el país con dicha documentación. Mi ruso aún es muy limitado como para poder argumentar nada, y el inglés que hablan ellas (porque todas eran mujeres) era igual de escaso. Rasparon con sus uñas cada página de mi pasaporte, lo escanearon, llamadas telefónicas, búsquedas en el ordenador, un montón de preguntas. Según la policía mi imagen actual no se corresponde a mi foto del pasaporte en la que aparezco con pelo corto negro y ahora melena larga color castaño. Motivo suficiente como para sospechar de mí y retenerme ante la ventanilla.

Mis nervios comenzaron a alterarse. No dejaba de mirar el reloj. Allí parada, con mi mochila, enseñando un montón de papeles con sellos europeos explicando qué estaba haciendo en Ucrania. Tampoco entendían por qué había entrado al país por el este, en Kharkiv, y ahora salía por el oeste, Lviv. El reloj avanzaba y aquella policía no dejaba de mirarme fijamente a los ojos mientras ponía a prueba mi paciencia. Gracias a la intervención de otra policía que entendía algo más de inglés, al final conseguí el sello de salida y pude ir corriendo a la puerta de embarque pensando que estaba a punto de perder el primer vuelo y enfrentarme a un buen problema. Tenía tres vuelos que coger para poder llegar a Madrid y cruzarme prácticamente Europa de Este a Oeste.

mapa_visado_europa

Volaba de Lviv a Milán con la compañía low-cost Wizzair. Al llegar sofocada a la puerta de embarque mis nervios se terminaron instantáneamente al comprobar que el vuelo salía con retraso y no perdía el avión. Pero el retraso comenzó a incrementarse y los nervios a aflorar. De nuevo mi reloj avanzaba pero el avión ni si quiera estaba en pista. Finalmente el embarque fue fugaz y despegamos cuando casi aún no estaban todos los pasajeros sentados. Tras unas dos horas de vuelo (pero ganando una hora en el reloj) aterrizo en Milán donde supuestamente tendría casi otras dos horas de espera. Mi sorpresa fue que el siguiente vuelo salía de una terminal diferente a la que había llegado y eso supuso salir del aeropuerto, coger un autobús, llegar a la otra terminal, pasar los controles y correr para llegar a la puerta de embarque porque a las 15h salía mi vuelo dirección Barcelona con easyjet.

Tras hora y media de Italia a España llegué a Barcelona como pasajera en trásito camino de mi último vuelo. Otra vez me toca pasar los controles del aeropuerto para salir fuera, coger un autobús, cambiar de terminal, pasar los controles de entrada y llegar al embarque de mi último trayecto dirección Madrid mirando el reloj cada segundo. Despegábamos supuestamente a las 18:10h y llegaba a las 19:30h a la capital, pero vueling también despegó con retraso. Ya no había nervios. Me daba igual esperar, era el tercer y último vuelo del día.

Finalmente llego a la T4 de Madrid sana y salva con mi mochila a la espalda. Con esa satisfacción de no tener que esperar a que salga el equipaje y poder cruzar la puerta de salida corriendo para abrazar a quienes me estaban esperando impacientes.

Después de descansar y dormir unas cuantas horas plácidamente ya en España, retomé mi objetivo principal: conseguir el visado en la embajada ucraniana. En el caso de que a alguien pudiera servirle de ayuda, os voy a contar cada detalle para tramitar el visado. Primeramente: no contestan al teléfono en ningún momento del día, ni a los emails. Es imposible comunicarse con ellos previamente para cualquier consulta. Acudí a la página web donde tampoco encontré respuestas a mis dudas. 

Para tramitar un visado hay que presentar varios documentos que acrediten tu presencia en el país, como cualquiera pueda imaginar o habrá experimentado. En mi caso tuve que esperar varios días a que llegase desde Ucrania por mensajería urgente el documento que me faltaba y no pude recoger antes de irme de Lviv, que era una carta de invitación para la embajada donde se detallaba mi proyecto bajo el fondo de la Comisión Europea. Hasta que no tuve en mi posesión dicho documento no pude ir a la embajada en madrid y tan sólo tenía en España dos semanas antes de que saliera mi vuelo de vuelta.

Embajada Ucrania en Madrid

Embajada Ucrania en Madrid

La embajada de Ucrania en Madrid está a las afueras de la ciudad, en un buen chalet por Arturo Soria, lejos de cualquier combinación de transporte público. Más que recomendable llevar el GPS o un mapa porque no es fácil encontrarlo y nadie en la zona conoce su ubicación. Llegué a primera hora. Abren a las 9 de la mañana. La oficina ya estaba llena de gente haciendo colas. Todos me miraban. Aparentemente era la única española. Todos los carteles, indicaciones y paneles estaban escritos en ucraniano. Ni si quiera sabía en qué cola tenía que ponerme. La persona de la ventanilla me atendió directamente en ucraniano. Incluso al decirle en español que no hablaba su idioma siguió hablándome en ucraniano. Tuve que decirle con el poco ruso que hablo, que por favor no le entendía. 

Una señora que estaba allí esperando me resolvió la duda sobre en qué cola tenía que situarme para mis trámites. No era capaz de descifrar ninguno de aquellos carteles y aunque todos me oyeron preguntar, sólo esta amable persona fue capaz de acercarse a mí y hablarme en español para ayudarme. Experimenté un gran rechazo como extranjera, mucho mayor al que había sentido el mes y medio anterior en cualquier situación en Ucrania a pesar de que estaba en España aunque en su embajada. Todo un contraste de sentimientos e impotencia burocrática.

Después de una larga espera cuando llegó mi turno en la ventanilla adecuada, mostré todos los papeles que llevaba conmigo: la carta de invitación, los certificados como voluntaria europea, las acreditaciones de la organización para la cual trabajo y el resto de documentos. Tras el cristal ahumado y sin a penas poder identificar con facilidad a la persona que me estaba atendiendo, simplemente me deslizaron por la ranura un papel, la solicitud de tramitación de visados, y gritando en ucraniano llamaron a la siguiente persona intuyendo que mi turno había terminado a pesar de estar haciendo aún preguntas.

Recojo todos los papeles que tenía allí extendidos y me retiro a una de las mesas para rellenar cada apartado con un montón de papeles en ucraniano que ni si quiera sé leer. De nuevo la señora de antes me ayudó (спасибі!), incluso me dio su boli. Fue la única persona en toda la sala que tuvo la amabilidad de ayudarme, hablarme en mi idioma y resolver la situación. 

Vuelvo a la fila a presentar toda la documentación, los papeles, dos fotos de carnet y se quedan con mi pasaporte. El pago del visado regular (59,54€) se hace mediante tarjeta de crédito (también se puede abonar en el banco pero supondría tener que regresar en otro momento) y me dan un plazo posterior a mi billete de vuelta para recoger el visado. Intento hablar con ellos para tramitarlo de manera expres pagando el doble -que es la otra posibilidad- pero incomprensiblemente no consigo dicho servicio.

Me sentí realmente extranjera (en una embajada dentro de mi propio país), rechazada y tratada con poca amabilidad, por no decir ninguna. Estas situaciones son las que nos enseñan en primera persona a ponernos también en la piel de todos aquellos extranjeros inmigrantes que están en España y a los que no siempre atendemos correctamente.  

Evidentemente tuve que hablar con mi organización ucraniana, cambiar el billete y retrasar el vuelo otra semana más para poder regresar con el visado.

Durante los días en España aproveché para ir al médico con el esguince de tobillo que llevaba arrastrando desde las semanas anteriores y que las carreras de aeropuerto en aeropuerto habían empeorado. Todavía no había conseguido hacer el reposo suficiente y seguía con el pie hinchado. 

Oficina de atención

Oficina de atención

La aventura del visado aún no acaba aquí: tuve que ir a recogerlo en la fecha indicada y encontrarme con otra situación desagradable en la embajada, la puerta cerrada. Me atendieron desde el telefonillo de la verja. Me hicieron un montón de preguntas en plena calle, me pidieron mis datos y me sugirieron regresar al día siguiente por la mañana o esperar en la calle más de media hora. Intuyo que lo que sucedió es que no tenían hecho el visado y en ese rato que estuve sentada en el bordillo, 40 minutos de reloj, procedieron a tramitarlo al mismo momento que yo esperaba fuera. 

La acera estaba llena de coches oficiales de la embajada ucraniana y en la calle contigua una patruya de la policía nacional española haciendo guardia.

Finalmente una trabajadora ucraniana salió a la calle con mi pasaporte y el libro de registro para que lo firmase. En ningún momento me ofreció entrar a la oficina ni me quiso explicar por qué me estaban atendiendo en la calle. Me pidió que firmase el registro como que recogía mi pasaporte no sin antes haber tenido la precaución de pedirle toda la documentación que había presentado, puesto que son papeles oficiales que necesitaría para el siguiente trámite que tengo que realizar. Cuando finalmente tuve todos los papeles en mi poder, firmé el libro de registro y me fui a casa con el visado por fin en mi poder.

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El lunes 16 de junio de 2014 a las 14:35 h españolas, despegó mi vuelo desde la T1 de Madrid dirección Estambul. Allí una escala de unas 5 horas, más 45min de retraso en el siguiente vuelo de Estambul a Kharkiv. Aterricé casi a las 3 de la mañana ucranianas. 

Cuando el cansancio se apoderaba de mi cuerpo me tocó pasar el control de pasaportes que de nuevo estaba custodiado todo por policías mujeres. Nunca sabes cómo elegir la que aparentemente puede ser más amable, y una vez más mis criterios me engañaron. Tuve que volver a tragar saliva cuando incluso enseñando el visado tramitado por su propio país, me cuestionaba mi presencia allí y todos los sellos que tenía anteriores. Finalmente todo quedó en unos minutos de preguntas y detalles minuciosos para retomar las pocas frases que he conseguido aprender en este tiempo.

De nuevo en el este de Ucrania y con un visado de 45 días, ahora es el momento de comenzar a tramitar el siguiente documento: el permiso de residencia -conocido como подписка (podpiska)- y que ya de entrada me han advertido de la dificultad que supondrá tramitarlo por la cantidad de documentación que exigen.

Gracias a todos los que habéis aguantado leyendo este post hasta la última línea, a quienes me mandáis ánimos y mostráis preocupación ante la situación que está viviendo el país. Deciros una vez más que me encuentro perfectamente y que no hay mejor experiencia que salir de la zona de confort para aprender constantemente.