Kharkiv – Kiev – Slavske

La siguiente aventura comienza con otro viaje en tren para ir a lo que los EVS conocemos como OAT (On Arrival Training) o curso de iniciación al Servicio de Voluntariado Europeo, donde nos juntaremos todos los EVS que acabamos de comenzar nuestros proyectos en Ucrania, Moldovia y Bielorusia.

Captura de pantalla 2014-05-18 a la(s) 16.39.01Mi itinerario está formado por dos viajes en tren muy diferentes. El primero de ellos sale de Kharkiv a las 6:56 de la mañana del jueves 14 mayo. Un tren regional, con asientos bastantes cómodos -si viajas en segunda al menos- y un ambiente muy tranquilo.

Nada más llegar a la estación de Kiev me asombran las enormes lámparas del hall principal y cómo los taxistas están al acecho de todos los viajeros, principalmente extranjeros. En Ucrania es común negociar el precio del viaje en taxi antes de montar, por lo que generalmente se recomienda llamar por teléfono a la centralita y acordarlo, ya que coger un taxi a pie de calle puede ser más caro. 

Una vez en la estación lo primero que hice fue buscar la consigna para dejar la maleta y así liberarme del bulto. Una tarea aparentemente sencilla pero cualquiera que haya estado allí puede confirmarme que no basta con seguir los carteles que te guían hasta las taquillas automáticas, sino que se convierte en un laberinto. 

Tenía 7 horas en la capital por lo que después de un almuerzo rápido y otras gestiones administrativas, tuve oportunidad de visitar el centro a pesar de la molestia que supone tener un esguince de tobillo.

Junto a la estación de tren está la estación de metro “Vokzalna”, y por 2 UAH tienes una ficha para entrar. 

El metro de Kiev fue el primero de toda Ucrania y es el medio de transporte más popular en la capital. Largas escaleras mecánicas que parecen no terminar nunca donde los pasajeros siempre van situados a la derecha y sujetos al pasamos, casi sin excepción. 

Cogemos la línea 1 (roja) hasta Khreshchatyk donde conecta con la la parada de Maidan Nezalezhnosti de la línea 2 (azul). 

Maidan Nezalezhnosti ( Майдан Незалежності en ucraniano) es la plaza de la Independencia y está situada en pleno centro de la ciudad, en la calle Jreshchátyk. Popularmente se conoce como “Maidan”, la plaza. Y después de las últimas revueltas y manifestaciones también se refieren a ella como “EuroMaidan”.  

Cuando conseguimos salir a la superficie desde el metro, reina casi el silencio en la plaza. Anonadados al contemplar en directo el escenario de la violencia y las protestas que tiempo atrás habíamos seguido en las noticias. El dolor está en el aire. Hay imágenes de las víctimas por todas partes, velas, flores. Impactantes tiendas militares. Adoquines amontonados. Banderas. Barricadas. Un puesto médico. Una capilla. Incluso una pantalla gigante que retransmite noticias, imágenes actuales y música internacional. 

Uno de los edificios principales de la plaza muestra graves signos de incendio, porque durante los días más fuertes de las protestas el fuego comenzó en la azotea justo cuando en la 3ª y 5ª planta estaban atendiendo a las víctimas de los tiroteos de la plaza en un improvisado hospital, y todas esas personas se quemaron vivas ardiendo en llamas ya que no hubo posibilidad de sacarlas a todas. Por cada persona que murió ardiendo en llamas, han pintado un punto rojo en la fachada simbolizando toda la sangre que se derramó allí tras los disparos de las fuerzas especiales de seguridad y la falta de medios para extinguir las llamas.

La sensación es casi indescriptible. El dolor está presente, pero a juzgar por la actitud de los que allí están viviendo acampados, la lucha también. Junto a un reloj que hay uno de los jardines laterales se han ido acumulando flores, velas, y fotos de las víctimas. Toda esa zona emana tristeza. Cintas con los colores de Ucrania atadas a todas partes. 

A medida que voy recorriendo la zona encuentro cosas más impactantes. Brutal. Impresionante. Estaba atónita. Piel de gallina. 

En muchas zonas han hecho montones con los adoquines que levantaron durante los días clave de las protestas. Incluso en ciertas partes han intentado alinearlos de algún modo e intentar volver a tener un pavimento, porque ahora en ciertas partes no hay más que charcos y barro.

Carteles que rezan nombres. Pancartas que gritan ideas. Flores que despiden víctimas. Velas que recuerdan almas.

Maidan es casi una zona cero. Pero allí sigue habiendo gente acampada dispuesta a defender sus ideas y luchar por ellas, aunque algunas parecen estar haciendo negocio de ello.

Los árboles de las calles adyacentes están llenos de coronas de flores y fotos de los fallecidos. Según avanzo por la acera tengo la sensación de recorrer un cementerio improvisado.

Pero lo más impresionante quizás sea encontrar la gran barricada que cierra el acceso principal a la plaza bajo la estructura de un puente metálico, cubierto por pancartas con las caras de las víctimas. Bajo ese puente el conglomerado de neumáticos, maderos, barriles, sacos de arena, adoquines.

Las tiendas están organizadas por grupos y muchas de ellas tienen fuera una caja aceptando donativos para subsistir. Algunas han instalado antiguas cocinas o braseros. Todas tienen sus respectivas banderas o escudos de sus grupos o zonas de procedencia.

En la plaza también hay instalado un escenario que se ha ido sobrecargando con más imágenes y pancartas.  En uno de los laterales la figura de una virgen rodeada de velas y también un crucifijo de madera de medidas considerables. 

Turistas, curiosos, periodistas merodean toda la zona cámara en mano. Pero también hay muchos ucranianos que acuden desde cualquier punto del país a visitar la plaza y fotografiar el recuerdo. A contemplar otro episodio más de la historia de su país o a velar por sus seres queridos que allí perdieron la vida durante esos días.

Maidan está desgastada. Presenta signos de violencia, restos de incendios, cristales rotos, fachadas pintadas, aceras deshechas. Tan sólo la columna central con la estatua por la libertad de Ucrania y el imponente hotel Ukrayina parecen permanecer intactos. La pancarta principal que hay en la plaza reza unas frases sobre una “improvisada religión” que califica todos estos acontecimientos como “la revolución del sol”, y bajo el símbolo del triángulo amarillo unifican estas nuevas ideas que no todos los ucranianos comparten aunque los medios nos hagan ver lo contrario.

Aprovechamos para acercarnos rápidamente a la catedral de Santa Sofía (en ucraniano Собор Святої Софії) con sus 13 cúpulas de roble, su campanario, cruzar la plaza Bohdán Jmelnytsky y llegar al Monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas donde conseguimos incluso asistir a una celebración religiosa. 

Me cubro la cabeza para entrar, ya que está mal visto que la mujer entre en un templo ortodoxo con la cabeza descubierta y en muchos de ellos es obligatorio aunque creo que es más bien una tradición más que una obligación.

Hacemos una visita muy sigilosa y rápida sin llamar la atención en exceso puesto que están en una celebración. No hay mucha gente dentro del monasterio por lo que tenemos oportunidad de verlo con cierta rapidez y contemplar los frescos y mosaicos.

El reloj nos obliga a regresar a la estación de tren. Hay que recoger la maleta de la consigna y localizar el andén correspondiente. Tren nocturno destino a Slavske, unos 800 km desde la capital hacia la zona oeste del país, cerca de la frontera con Eslovaquia y Polonia. A las montañas cárpatas, donde estamos alojados en un resort rural durante los días del curso. Pero dejaré la formación y el paisaje montañoso para el siguiente post.

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